jueves, 15 de enero de 2026

Declaratio Spiritus.




 Lo implacable del tiempo yace en la constancia con que el segundero golpea el silencio. 


Casi de igual forma en que el río golpea sus riveras, nuestra especie se inventó un caudal infinito que nos va midiendo la vida para dar cabida a la noción de futuro. Porque si bien sabemos que la noche cae sobre nosotros, y en su lugar amanece, eso no significa que debamos reflexionar sobre la proyección de nuestra existencia en años hacia adelante o hacia atrás. ¿De qué?, me pregunto. Del territorio que representa uno mismo en su compleja consciencia sobre lo vivido, o que a uno lo representa como si fuésemos la rivera que es acariciada por vertientes ancestrales.

Allá bien adentro guardé todas esas miradas, esas caricias, esos momentos. Acá te quisiera, como si pudiese invertir la realidad de que soy yo quien está llendo hacia ti. 

Te hiciste parte del fuego que arde bajo los océanos, que enciende volcanes, que calienta las piedras y los cerros desde la raíz. Allá también seré, contigo, con todos. 


¿Cómo es que las heridas de cada uno se van moviendo entre los hilos tejidos por el reloj?

¿Cómo es que poseen peso, sin tener masa, ni estar sometidas a leyes como la de gravedad?  

Cómo máscaras nos usan estos duelos hasta que se cierran, por mientras, hasta que haya que volver a conectar con otro atardecer donde recordé la forma en que te reías o lo mucho que te gustaba mirar las nubes desde tu ventana.  


Si te preguntan por volver, la respuesta emerge desde: ¿un dónde o un cuándo?

Si te dan ganas de soñar, los ojos están: ¿despiertos o durmiendo?


Lo que tenemos es/en lo que podemos entregar.

Y lo que tenemos, es aquello que nos es propio. 

Lo que leímos, y lo que nos escribió/inscribió.

Lo que quisimos, y lo que nos soltó. 

Esa que es nuestra cicatriz, es también otro comienzo. 

Cómo muchos inicios que irán a terminar. 

Cómo muchos principios que van a acabar.

Eso que elegimos dar, es el amor que nos mantendrá cuando ya no seamos.

  

"Vimos a los dioses sangrar durante la invasión de los hombres blancos. No vimos volar ballenas entre nubes nunca más, no pudimos convertirnos en otro movimiento que no fuese el de las frías mareas que abrazan los fiordos. Obligados a ser memoria. Masacrada cualquier otra posibilidad."

 




viernes, 25 de abril de 2025

Quirón.

Tomé la vida como si fuese una sola vez. 

Afronté tu partida en distintas oportunidades, 

quizás para seguir intentando dejarnos ir, 

quizás para seguir encontrándonos en el espacio que nos ofrecía el duelo. 


Desplazados hacia habitaciones para extinguirnos,

allá nos vimos obligados a inventar ritmos 

para cambiarnos el brillo en los ojos.


Deja que el otoño siga soltando sus hojas

a la dulce melancolía del adiós. 

Lleno de agradecimiento todo este dolor, 

por caminar juntos al marcarnos los corazones. 


Estarás conmigo, y yo estaré también,

en el silencio de la noche frente al mar.

Transitarán las estrellas por nuestros planetas,

seremos las explosiones cósmicas que veremos siglos después. 


Ven, que yo me solté para volver a existir. 

Entregado a la calma de resistir, 

por mí y por todos mis compañerxs. 



"En el encuentro de las miradas está la ventana al dolor y la sanación, en la particularidad de las heridas y los intentos de recuperación. Allá puede curar aquel que está herido. Allá pueden ser sonrisas todas esas lágrimas."



martes, 1 de octubre de 2024

Rosas en el jardín.



 Pasaban las horas mientras la mirada se mantenía clavada en el reloj, afirmándose en cada paso del segundero, en cada sonido de ese mecanismo que marcaba el tiempo y que se encontraba tan afuera como adentro mío. 

Y pensaba que los días van corriendo uno tras otro, a todos nosotros: los días nos corren al mismo tiempo, pero nunca nos encuentran iguales. "Quizás sea porque hicimos de esta época la peor para existir, pero lo intentamos con las mejores intenciones". Tan obligados a amarnos que el odio se hizo cotidiano como si fuera una forma de resistir, tanto odio como defensa inconsciente que se nos cayeron las estrellas encima. 

Fuimos dioses, que hicieron nacer luces en el firmamento para dejarlas arrojarse contra montañas y cualquier superficie que fuera necesaria de sacrificar para que sigamos escribiendo páginas de historias a la orilla del mar. 

"¿No habíamos aprendido que al subir la marea todo se borra y ya?", leí en uno de los fragmentos de mi memoria, pero no logré sostenerme mientras seguía cayendo al vacío de mi propia existencia. 


Puede ser que mi deseo esté arrojado más allá de mi, puede ser que ya tuve más de lo que soñé. 


Tuve tanto, allá cuando estuve contigo. 

Llegué tan lejos del dolor cuando tu voz era canción. 

Fuimos tan nuestros, que lo que quedó no me reconoció. 

Hoy la vida me ha dado distintos nombres, nunca volvió a darme aquella flor. 


viernes, 3 de marzo de 2023

Atacama

 Una recta sujetada en el último extremo de continente, en el borde del pedazo de tierra que quiso descansar hacia el sur de nuestra existencia. 

Por allá se desbordaron los ríos durante los viejos tiempos, por allá se abrieron paso desde la montaña hacia mar: enormes torrentes de lágrimas y dolores ancestrales clamando entre vertientes por aquellos que nunca lograron volver. 


Donde se torna más seca la vida, donde la sal y el viento momifican misterios y caminos hacia caletas olvidadas por los corazones de la humanidad. En esas orillas frente al mar el silencio cuenta anécdotas de alfareros que hablaron con el cielo. Mirar las estrellas es mirar su reflejo en las olas, es verlas móviles y danzantes frente a la eterna oscuridad de este desierto sin propietario. 


Aquí lo que hoy es superficie, alguna vez fue fondo: profundidad.


Aquello que se asoma, que insiste en el límite, es también un canal hacia los dolores que lo mueven / nos mueven. 


¿Y qué seremos? 

¿Dónde procederemos a convertirnos en un susurro más de esta planicie que se hunde, pero será superficie?


Las quebradas, las curvas entre el agua y los cerros, esa coreografía que fluye hacia lo que se desemboca. De tanto mirar arriba, ¿miramos hacia adentro? ¿Sentimos hacia adentro?


El agua es mi registro.

Mi pulso, una marejada. 

La luna, otro rostro sobre el negro hierro del mar.  

miércoles, 2 de junio de 2021

Sean los límites un espacio, y no una frontera.

Sean los verbos conjugados en plural parar confrontarnos con la soledad. 

Sean nuestros monstruos aquellos pantanos que sujetan la posibilidad. 


Los que temíamos se alinea entre constelaciones del corazón, 

se esconde es nuestro pulso, se asoma cuando jugamos a escaparnos.

¿Alguna vez nos alejamos?

¿La distancia existe cuando estamos deseando colisionar?


A la carne la mueve lo subcutáneo. 

Ese rojo destello que se impulsa más allá de lo lógico. 

Algo como un baile, sin tanta coreografía, para evitar lo que nos espera en el fondo del (a)mar. 



Entraba una muralla de nubes desde el horizonte hacia nosotros. Lo vimos venir, y tuvimos que decidir. Los vi correr hacia sus balsas para alejarse remando con desesperación. Otros buscaban entre la vegetación un lugar para resistir lo que estaba por llegar. Lo cierto fue que en esos instantes, ninguno de quienes estábamos allí pensó en el fuego como un recurso, siquiera una como una esperanza, mucho menos una defensa. 

Yo sólo busqué contemplar la potencia y la profundidad de aquel océano que levitaba lentamente hacia la fractura final de lo que llamarán continente. Eso que avanza teñido en densidades de grises y negros, pasando por sombras azules, mostrando en sus indefinidas y fluidas curvas, como metáfora de eso mismo que tenemos dentro y guarda lo más terrible de cada uno de nosotros. 

Un recuerdo que no era mío, y que tampoco tenía imágenes, se movía en mi sangre. Algo en mi interior dialogaba con esa tormenta que se aproximaba. Lo intenté capturar con mis ojos, recorriendo manos y pecho, hasta los pies y también sus dedos. 

Lo que encontré fueron las memorias que dibujé en el cuerpo. 

Lo que empezaba era un ritual.

Lo que acontecerá es algo sin lengua, se inscribe el pasaje de lo que era y lo que soy. 

 


viernes, 28 de mayo de 2021

 Somos eso mismo que dejamos ir. 

Aquello que se hundió cuando el corazón palpitaba sobre el atardecer de nuestro horizonte.

Tardes cubiertas por las marejadas de la emoción. 

Lo que quedará, piedras pulverizadas en arena.

Nuestros cuerpos como historia viva del sentir.

Como lo que alimenta el suelo fértil de lo que no nos dijimos.

De aquello que nos promete un mañana sobre el ayer que no fue. 


Asomaba la luz de la luna sobre su cuerpo joven, todavía, una noche calma en el sur del mundo. En los archipiélagos de islas que abren canales para que podamos rebotar, de una orilla a otra. Y sobre nosotros, un cielo estrellado, un mapa dibujado con la vida de los antepasados. Los vientos que azotan el trozo de tierra que quedó rezagado al sur del mundo, esa esquina fría que no nos gusta visitar. 

Aquí vivimos, aquí nos cazaron, aquí nos sepultaron para convertirnos en luces colgando en el lago indomable. En el Chelenko, entre cuevas y ríos indómitos, pero tranquilos. 

Se asoma otra luna sobre nosotros.

 

viernes, 11 de septiembre de 2020

 Dicen que el agua tiene memoria. 

Que tenemos tanta costa como muertos en la historia de estas tierras. 

Sigue sangrando el exterminio.

De la memoria, de nuestros antepasados. 

Y lo digo con descaro, como si hubiesen pasado,

A otra época, quizás.


Prefiero creer que sus venas derramaron, 

La rabia que brota años después.

Cómo cosechamos el dolor incrustado por el estado,

Cómo nos devolvió la mar,

Los cuerpos que arrojaron al fondo mojado,

Recordando que las estrellas no dejan pasar

Las almas que lucharon por romper el control. 


Que desborde la emoción a los pueblos de la nación,

de mi tristeza surge la melancolía que alumbra como un sol,

entre tanta negra oscuridad, entre tanta de intención

de que vivan los muertos en mi respirar.


viernes, 22 de mayo de 2020

La prisa de encontrarse con la más primitiva pasión.
Los ojos que miran, ¿se retraen o despliegan al llorar?
En cada sílaba, la curvatura de tu lengua tejiendo emoción con fonemas,
memorias estampadas en el aire que reseca tus labios.

¿Hacia dónde se desparrama la herida que te mantiene vivo?
¿Cuándo empecé a desplazarme hacia mi final?

Si me muero que no sea por equivocación.
Los meses fríos, el presente imitando al pasado y la cuarentena del cuerpo.

Enterrados entre rutinas y pantallas, enjaulados combatiendo una guerra que no se puede disputar.

Navegar las horas con los ojos buscando hacia adentro.



sábado, 11 de mayo de 2019

Burbujeante el oxígeno en mi sangre. Al nivel del mar, pero con presión de altiplano.
Quizás siempre me arranco a estas alturas para que nadie me escuche pensar.
No pude olvidarme ni de tu sonrisa, ni de tus arrugas.
No dejé que el tiempo nos ganara la batalla contra la tradición, no me propuse amar si no sentía espinas de las rosas junto a la flor.
Como si no verte me hiciese menos difícil la decisión de seguir aquí.

Pero no aprendí nunca en mi vida a negociar, por eso me oculté contando besos detrás de tu mirar.
Buscando noche tras noche entre estrellas esa entrega de tu boca cuando me saludaba al despertar.
Una mirada esfumada junto al invierno que levantó el mar.
Sostenido entre sus historias me oí pasar.

No me olvido, no me suelto.
Aferrado al abismo.
Soy lo que acabó.
Sembré recuerdos porque fue lo que conocí por amor.


Si tengo manos es para soltar el pulso de mi emoción.
Si me baño en las aguas de la niebla se me raspa el adiós.
Esa fiera que me desarma el alma, esa risa que explota mis rosas.


viernes, 13 de abril de 2018

Lo que (me) sigue.

Si me encontrase por las mañanas quizás no llegaría tarde, o aquel que llegaría no te causaría tanto dolor.
Si se extravía mi voz que sea el silencio mi canción.

La fortuna de haber nadado contigo, de haber podido caminar la ruta de tus lágrimas, de haber dejado mi última gota de sangre en tu colchón.

La vida sigue.
Sigue filtrándose por mis ojos, sigue escurriendo entre los dientes cuando intento sonreir.
Sigue corriendo cuerpo-abajo, sigue olvidándome en esta era que no sabe de amar.

Mi vida sigue.
Sigue acercándose, por las noches, a los horizontes que dibujó mi corazón.
Sigue llevándome a un final.

Mi vida entre piedras y cicatrices.
Mi vida entre héroes y tumbas.
Mi vida entre islas y canales.





viernes, 5 de enero de 2018

Caricias para mi adiós.

Por esos meses fue que el sol se decidió a salir, quizás quemando en exceso la piel, tostando la idea que se hierve dentro de la cocina de nuestro interior.
Nosotros flotando, sobre trozos de memoria, entre lo roto y lo entregado, lo reparado y la herida que sangra.
Las formas en que encaminamos la noche no es necesariamente un acierto, sino más bien una búsqueda por quererse encontrar. ¿Qué estrellas fueron las luciérnagas de nuestra canción?

Yo tengo mi marca, sé que la niebla es mi pueblo y el cuerpo, un territorio.
Amé las rocas y los huesos, amé la vida por cuánto aprendizaje me entregó.
Lo que intenté acabó.

Esos ojitos perdidos, esa sonrisa que no se entrega completa, la ausencia de límite en mi pulso: eso que soy yo.
Me desarmé de tanto amar, me ahogué de tanto ser mar.
Medio extraviado en el mundo, tomando lutos para salir bailando entre lo absurdo.

Estos tiempos invitan a ser una soledad, quizás tan ciega y apartada que no sabe acompañar.
Tropezando con lo que escribo, asustando los miedos que merodean las escaleras del puerto.
La electricidad en tus dedos, cariño.
Las ganas de verte volar.

Días con atraso, mi resistencia como una protesta por más calor.
La profundidad es entregada por la voluntad, navego despidiendo las islas del color.
Una línea que se dobla con las mañas, una esquina que cuida sus arañas.
El sismo de la cadera, lo inquieto de mi pierna, los ritmos de mi autismo.
Gracias por compartirme tu abismo.
Gracias por quererme con tu luz.

Que la magia inunde los dedos de esta muralla, que a dónde sea que vaya me lleve mi loco corazón.
Que lo perdido nos encuentre.
Que lo extraviado nos revele la luna que marca el palpitar.


martes, 5 de diciembre de 2017

Límite 6.

Que mi experiencia haya sido la de recorrer años entre paisajes de papeles y lagunas, subidas y eventualidades. Lo que era descifrar tu mapa desde la banca de enfrente, lo que podía ser conversar o equivocarme en qué chiste decir para salir del momento.

Todas esas casualidades, esas valentías diarias de ir más allá del hola, cómo estás.
Todas esas desventuras, todas esas vueltas estaban en mi tatuadas bajo los párpados.

Aprender el oleaje y las marejadas de esas costas, leer de a poco el cielo de esas alturas, dejar de temerle a los perros al pasar.
Lo que quise arropar, mis intentos por girarle la suerte a este incierto fantasma que me acompaña.
Lo que no supe estructurar, eso que se me escapó por el paladar.
Lo que se quedó pegado en la resina de mi garganta, la sangre que no quise derramar.

Que fluyan esas vertientes alegres por tus ojos, que vuelvas a quedarte igual de muda frente a la voz que te erizó la piel, que tus pies bailen libres sobre esa moral. Tienes la luna impresa en tu espalda, tienes una calma entre tu atardecer.

Tu ritmo me enseñó a decir buenas noches,
tu voz: mi canción favorita.

 

jueves, 19 de octubre de 2017

Límite 5.

Las manos crudas por el viento del mañana, amenaza la misma compostura que de sólo mantenerse inerte se invierte contra sus ataduras.
Sin idioma ni semblante, con la sombra andante por los esteros costeros.
De puerto brillante, semilla que se arroja a los pies del que camina cerro abajo, que flota hacia las ruinas.
Encaramado entre las quebradas de los cerros, decantado hacia el poniente. Fácil de perderse entre los montes, liviano en su densidad. Como fotografía entre pestañeos, el movimiento no se puede capturar.

Sin intención de ser verdad, una propuesta en carne, un otro intento por volverlo a intentar.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Límite 4.

Roqueríos sobre las playas, calcetines entre las sábanas y el extravío de mi persistente incomodidad en el mundo.
Esas conocidas diversidades de sensaciones que acompañan el estar perdido, o en soledad, o dolido, o enojado. Las definiciones musculares detrás impacto que aparenta ser imaginario o simbólico.

Las paredes de las noches nos extravían sin esperar, nos arrojan sueltos al cielo del invierno, esa neblina densa de mañanas con vapor saliendo entre nuestros besos.
¿Acomodaste el corazón junto al mío solamente para entibiar el estar?

¿Cómo podemos desafiar al bienestar a re-latarse?
¿Cómo puedo retomar el hilo perdido de tomar la vuelta hacia lo habitual?

El corazón ya no lo tengo para amar.
Pongo las manos y el sueño, ofrezco los miedos como si fuesen buenos.

Me di más vueltas que las usuales, provocando el error del camino. Tomé el amuleto de tus ojos para hallarme la tranquilidad. La calma que no es centro, tu centro que también arde.

La piel es un límite que podemos desgarrar, poseernos significa habitar la quebrada emocional.
Cuando transpiran tus manos, yo veo tu cuerpo llorar en su tacto.
Por el acto de que le falten verbos para expresar, el temor que anda suelto, revolviendo la ilusa tranquilidad.

Cuando te pienso, no tiene principio ni final.




sábado, 9 de septiembre de 2017

Límite 3.

Todavía se dejaba caer la noche sobre el mar, no se atrevía a amanecer en esta tímida esquina de la humanidad. Como si el tiempo nos hubiese quitado la elasticidad en la pupila, como si la vista sólo se hubiese acostumbrado a ver entre la oscuridad del ser.

Caían los cuerpos enamorados de la muerte, mirabas de reojo lo que podría haber pasado, pero no te atrevías a gritar. ¿En qué curva de tus órganos se te extravió la voz?

Aferrado a la historia, sigo escuchándote en tus silencios.

Lo que quisiste esconder, el tesoro del secreto, la perla de ébano que tu lengua abrigó.
Lo que se cerró y lo que se quebró, las conjungaciones de los verbos cuando contamos esas historias que nos duelen un poco más.

Esos sueños subterráneos, de caras perdidas que se recitan como poema tatuado en el inconsciente. ¿Qué es lo que sienten los dedos antes de tocar?

Quizás sea que quieras habitar estos desteñidos paisajes.
Quizás algún día el pantano de mis ojos te pueda calmar.

Hay límites instituidos en las palabras, hay abismos en la voz.

jueves, 22 de junio de 2017

Límite 2

Como si representara un territorio propio, como si lo nuestro nos perteneciera cuando siquiera hemos aprendido a habitarnos.
Ese largo camino que se desdibuja con cada palabra que sacrificamos, con cada vocal puesta a disposición de la lengua suelta de razón.
¿Qué es esa cosa que nos destroza?
¿Cuál es ese límite que nos quema la piel?

La tos después del incendio, lo que solté para saltar, las huellas que se borran al pisar.
Que la distancia sea cuestionada por el corazón, que nuestros ojos miren hacia adentro lo que ven afuera.
Lo que me diste no me lo pueden quitar, el calor de tu cuerpo hizo arder mi espacio personal.

El saber que existe detrás del amor, la experiencia de equivocarse para intentar comenzar a sanar, quizás esos ojos puedan aguantar el vacío que se asoma tras mi pupila.
Lo que se buscar al quitar es manifestar la violencia de la herida que no deja de sangrar. Ese agujero que inunda silenciosamente lo que queda detrás del precipicio bucal.

Como todas esas nubes cómplices de aquel amanecer incierto, cuando a ella se le apagó la vida, cuando solamente por ser ella significó un precio altísimo a pagar. ¿Qué hacen nuestros esfuerzos detrás de tamaña oscuridad? ¿Cómo sujetamos ambos este abismo?

Que me lleve lejos tu susurro.
Que se quede lo mío en tu palpitar.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Límite 1.

Unos meses pasaron ya, por debajo de nuestras pieles, en que no nos hicimos vibrar los tímpanos con esas filosas expresiones que se nos salen de las esquinas hostiles de eso que llaman "interior".

Unos meses pasaron ya, luna mía de roja noche artesanal, en que decidí que de morir sería en tus ojos.

Más de lo que pensaba había pasado, ¿hacia dónde? podría preguntarse uno (hacia adentro quizás).

¿Recuerdas esos tiempos cuando no se estaba roto?
, yo tampoco.

Y no sabía bien en cuál de todos los momentos había sucedido esa extraña determinación de un destino sarcástico definiendo qué es lo que se supone que deba decir cuando todavía siento tu mano tibia abrazada a mi corazón. Y ha empezado a hacer tanto frío en estas últimas noches, cariño, que he decidido abrigarme durmiendo con el pecho hacia el colchón, a ver si a través del calor que palpita en mi cuerpo deciden las sábanas soltar tu olor y disputar mediante una batalla sensorial y afectiva la gris consciencia que cargo.

Porque de tanto ver dolores con los ojos decidí ponerme lentes para cuidar lo que me queda de visión, porque de tanto inventarme salidas a los finales me quedé ajeno a toda interacción.

Tanto bullicio había en esos tiempos, mientras tú brillabas mirándote en el mar como si fuera un espejo.
Tanto bullicio en mi enrabiado caparazón, mientras sentía que sin darme cuenta de a poco fuimos quedando adentro nosotros de algo que nos juntó.
¿Y queda todavía en tus venas sangre para derramar?
¿No te has secado de tanto donarle sangre a tus amigos y a tu familia?
¿Qué puedo pedirte yo? Si sueño que tu arena juega entre mis dedos, si lo regalaste todo crezcamos algo nuestro para dar.

No tengo receta, no tengo razón. Si me lo preguntas, sigo buscando alguna posición que haga menos dañina para mi extraviada alegre sensación. Como si la sonrisa estuviera siempre en la evocación, como si la única forma que tengo de lidiar con tu belleza es marcarle a mi historia un guiño con la emoción de estar solitariamente amparado, pero más bien acompañado con alguien más que no fuese yo, porque de tener nunca nos tuvimos, porque de tener nisiquiera pude tenerme, porque de tener no se trata.

...Pero...

¿Te acuerdas de esa noche torpedeada por los sones patriotas de la masa hedonista esquinada junto al cementerio que decidió tener el mejor atardecer de por acá?
¿Te acuerdas de la mañana en que pudimos conocer cómo se sentía dar a luz un universo?

Y ahora, que los días se parecen todos entre ellos, guardo lo que me va quedando del adrenalínico golpe que rebotaba libre cuando descansaba junto a tus temores y verdades.

La vida que se vive nunca acaba de empezar.
La muerte que se abraza nunca nos dejará.
Quédate conmigo esta noche también, pedazo de lo que fui.
Quédate y comparte la niebla conmigo.

Quizás veamos, en algún momento de la noche, un sueño pasar.

viernes, 10 de marzo de 2017

Lo raro.

Lo raro sea, quizás, lo que se aprecia a simple vista, o lo raro será aquello que nada bajo el mar.
Lo raro sea ,quizás, mi forma de ser, o lo raro será lo dificultoso que me resulta ser otro.
Lo raro sea ,quizás, lo que siento como amor, o lo raro será que nada se siente como estar a tu lado.
Lo raro sea, quizás, el modo que tengo para mirar, o lo raro será que no sé leer la normalidad.

Raro será el tiempo en mis manos, perdido y alargado como si fuese un registro que decido retrasar. De todas formas llegamos siempre tarde, el momento siempre pasó y lo que nos queda es una sospecha de lo que puede quedar -ahora- detrás.

Como las hojas de un árbol terco que se resiste a soltar, como un indiferente segundo que dejamos pasar. Así de raro, como un extenso camino hacia el principio, como un intento por amarte como no he amado jamás.

Acompañados en la mutua soledad.

Pacientes de la pasión que padece lo mismo que persiste.
Porque no quiero agotarme de otro modo que no sea en nuestra inquieta felicidad.

Tan raro que duele sanar.

"Por un momento pensé que las cosas que nos dijimos quedaron grabadas en algún rincón de la ciudad, entre las colillas y los misterios de nuestros sueños. Esas cosas que recibimos sin que nos pregunten si las queremos tomar, las oscuridades que salen a jugar. 
Como si caer fuese consecuencia del acto de saltar, nos aferramos al pecho del otro para que el golpe tenga su olor.

Improvisar junto al viento, arrojar rocas al sol.   
Extrañarte es otra forma que tengo de amar."


viernes, 13 de enero de 2017

Ballena blanca.

El interior es un territorio más, casi como si el sol tuviese algo con estos valles, como si la historia fuese una anécdota más entre tantas verdes montañas.

Ballenas blancas que nos sostienen y nos mueven, como satélites en plena noche flotando sobre el mar.
Se escuchan los ladridos del alma, se ocupa un puesto y se toma posición.
Lo que somos se encuentra entre lo que hacemos y lo que podemos.
Un espejo para los que somos iguales, infinito reflejo de un intento histórico por ser libres.

El cuerpo suelto hacia el sentimiento, sus islas me acompañan en todo horizonte que me estalla. Somos límites entre seres de cemento, ella la estratega de todo el concierto.
Las trampas son normales, nos tomamos las piernas con las manos mientras caminamos.
Una máquina de recortar vínculos, una duda que crece como deuda habitacional.

Lo marginal de la infancia entre provocativas sustancias, salpicando en estadios de agua, navegando sin rumbo fijo, cavilando la pulsión porque reprimir no significa viabilidad.
Selvas de símbolos, el código se convierte en moneda cuando queremos conversar.

Cuevas para la diferencia, escondites para dibujar paredes.
Grietas donde el grito se responde a sí mismo.
Extraviado el criterio entre tantos cristales, entre tantas ventanas, entre tanta aplicación social.

Asistimos, todos, al corte de lo primero.
Vivimos, todos, iguales en el calor.
La piel baila las penas y llora de felicidad.


lunes, 5 de diciembre de 2016

Gallo negro.

Dar una vuelta por las esquinas de lo personal, sin tanta moral.
Asomarse a contemplar la noche en nuestro rostro, inclinarse a detallar las heridas que quedan junto a la razón.
Bien no es siempre, mal tampoco incluye nunca. 
Saludos que huelen a despedida, pensamientos que emocionan en lo mental. 

Olvídate de mi, yo ya me olvidé. 

Cada paso es un tropiezo, cada avance es un error, cada error es un color. 

Lo que tengo adentro lo saco para compartir, lo que amamos es nuestra debilidad. 

Mira lo que nos han hecho, llenándonos de propiedades y normas.
Mira lo que hemos hecho, tocándonos las grietas como el beso en compulsión.

Lo que sostuvimos, compañero, como fuerza del corazón.
Los viajes en que nos acompañamos sin salir de la habitación, las preguntas sueltas sobre el humo que nos elevó.
Si supieras, hermano, cómo se siente por estos días el amor.
Si supieras, hermano, cómo recorro el puerto de nuestra ilusión.

Hice de tu partida mi encuentro.
Hice de tu voluntad una canción.
Hice de nuestros vuelos una emoción.

En sus ojos habita un mapa para las mañanas.