sábado, 30 de agosto de 2008

Sentir..


Él sentía el peso del arma en su mano, ella sentía que podía volar.
Ambos en el mismo espacio-lugar, ambos felices por algún motivo difícil de explicar.
Si cualquier persona se hubiese detenido a mirarlo por un momento diría que es un cobarde, si se detuvieran por más de un momento se hecharían a llorar.
Si un Dios hubiese mirado la expresión de alegría que expresaba el rostro de ella, se hubiera hechado a reir pues ella emprendía el vuelo con las alas rotas; si la hubiese mirado un insecto, se habría maravillado ante tal creación de la madre naturaleza.

A él le asustaba el poder que tenía el gatillo sobre su vida, a ella le gustaba sentir el viento en su cara.
Él ubicó el arma dentro de su boca, y mientras derramaba una lágrima, decidió teñir la pared que estaba a sus espaldas, con el color de sus recuerdos.
Ella saltó mientras se reía de la sociedad, voló por un par de segundos y después cayó con los ojos cerrados.
Ambos habían enfrentado muchos problemas, ambos fueron derrotados por una pulsión, ambos sintieron el impacto y ahora ambos están tranquilos, ambos perdieron la esperanza de que alguien sonriera al verlos tomar su decisión, ambos están pagando el precio que requiere tener un momento de plena felicidad.

Sentir y vivir, sentir cada cosa y cada respiración.
Darle sentido a todo lo que ocurre, que nada en la vida ocurra porque sí.
Porque puedes hacerlo y porque te encantará.
Disfrutar cada momento, vivirlo como si fuese el último, recibir la muerte con una sonrisa y aprender de cada paso que das.
Porque si el paso es bueno o malo, tú lo decidirás.
Nadie puede decirte jamás si lo que has hecho es bueno o malo, defínelo tú y sabrás cómo actuar.
Busca, rebusca y enciende la luz en tu museo interior.
Pasea por tus recuerdos y abraza fuerte la almohada.
Sueña con una sonrisa y dale nombre a esa fuerza que te motiva diariamente a seguir.
Crea mil futuros, disfruta el segundo en el que miras atrás, en el que te ves los pies en este mismo momento y en el que miras hacia lo que vendrá.
Aprovecha y valora cada beso, pronuncia cada palabra desde tu interior y entrega sin pedir nada a cambio.
Héchate a reir de felicidad y que ninguna regla estúpida limite alguna vez tu personalidad.
Idea tu lugar perfecto, con alguien perfecto y el color perfecto.
Cuando esa utopía, que creaste en una noche lluviosa, se haga realidad sentirás lo mismo que siento yo en este segundo.
Porque cuando veas como todo cobra forma frente a tus ojos, quedarás indenfenso ante ese corazón.
No pensarás más que en una esencia, y ella contendrá a todas las demás.
Vas a darte cuenta que cualquier momento puede ser especial.
Que una sonrisa es igual de hermosa que una lágrima.
Y cuando venga otra noche lluviosa y te des cuenta que tu sueño se ha hecho realidad, llorarás de felicidad tirado sobre tu cama pensando en sus ojos.
Porque es demasiado perfecto, es extremadamente especial y ni la muerte le puede poner final.
Cuando no exista palabra alguna que pueda comunicar lo que sientes, porque siempre quedarán pequeñas ante tal magnífica sensación, tienes que expresar con la mirada, con los actos y el palpitar de un entregado corazón.

La vida es mucho más simple de lo que crees...
La vida la construyes tú, debes elegir entre llenarla de momentos especiales, los cuales tú hiciste especiales (o en algunas circunstancias alguien más los hace especiales, y esos momentos son los que jamás se olvidarán).
O vivirla controlado por un reloj, por patrones establecidos, o guiarte por lo que tu lado animal te pida.

Vive por tu pasado, haz que todo lo que lo conforma se manifieste en tu presente.
Vive tu presente, sé feliz con las cosas simples.
Vive tu futuro, soñando cada noche la manera como será y dando todo lo que tienes para que esos sueños se hagan realidad...

Vive desde interior..
Haz brillar tu alma a través de una sonrisa o de una lágrima..
Que no existe nada más hermoso que oír tu risa al despertar, o secar una de tus lágrimas llenas de fragilidad..

jueves, 28 de agosto de 2008

Sinceridad..


Y ahora no hago más que vivir de sueños, caminar por los senderos de un pentagrama escrito, con sangre, en un oscuro callejón y entregar lo único que me va quedando con algun tipo de valor.

No hay más que agradacer y disfrutar, que correr tras un bus lleno de ilusiones y sueños, sin importar el cansancio ni el dolor.
Nada se compara con verte a través de ese cristal.
Nada se acerca siquiera a la perfección de una mirada a esos ojos que me sacan de esta realidad.

Y cuando ya no te queda nada para dar. Cuando te das cuenta que eres pura frialdad y que no te acercas a ningún ideal, no puedo hacer más que dar todo lo que tengo.
Cuando el cuerpo no responde y las piernas tiemblan, te hechas a correr, regalando cada respiración agitada, cada paso que dabas hasta no poder más, cada pensamiento en el cual soñabas que tenías un superpoder y detenías ese bus con sólo pensarlo.
Es disfrutar, es entregar todo lo tienes por una sonrisa y un bendito segundo en el cual el mundo desaparece y te quedas ahí con tus ilusiones en la mano y enfrente, un sueño hecho realidad.

Cada segundo es pura felicidad, cada palabra pronuncianda lleva enormes cargas de sinceridad y cada mirada cruzaba en la cual se unen dos almas es el real significado de eso que llaman amor.

No queda más que agradecer y disfrutar, entregar y apreciar, cuidar y abrazar, besar y fusionar, vivir y soñar, equilibrar y amar.

Equilibrar y amar...

lunes, 25 de agosto de 2008

Mujer..




Cerró sus ojos y buscó un rincón de paz dentro de su corazón.
Llevaba horas así, respirando tranquilamente, tirado sobre su cama y con una extraña melodía de fondo que le daba una sensación de confianza.
Ideó una mujer en su imaginación, el cuerpo y el color de su pelo eran elementos poco importantes, le daba lo mismo si ella cautivaba la soledad con su cuerpo o con la manera en que el viento movía su cabello en un día de lluvia.

Le daba lo mismo lo que ocurriese a su alrededor, podía acabarse la vida en ese mismo segundo y él moriría feliz, en sus sueños idealizando algún loco corazón que quisiera dejar en su vida un poco más que una noche de pasión.
No tenía ganas de nada, su cuerpo estaba sumido en un hermoso silencio, la sangre fluía tranquilamente, naturalmente.
La sonrisa que se dibujaba en su cara era la clara demostración que iba volando a un mundo mejor.

Le gustaba imaginarla, pensarla, desearla. Mirarle desde distintos ángulos, en distintos lugares y con distintos colores que le hicieran fantasear más con esa alma que caminaba por una fría calle en plena noche.

Estaba impresionado, su cabeza había creado una ciudad y ella era la única que la habitaba.
Ella brillaba de noche, las estrellas seguían allí tocando sus notas y sosteniendo esa marivillosa melodía, haciendo cada segundo más especial.
El sonido de sus pasos sobre el suelo era el ritmo que él quería para su vida, la sentía tan cercana y a la vez tan lejana.
En ella se unía la luz y la oscuridad, el cielo y el infierno, el cuerpo y el corazón.
Ella era tan sólo un punto de su imaginación, pero al mismo tiempo era el motivo por el cual ya no utilizaba la razón.

Le siguió en silencio, por muchas escaleras y pasajes desconocidos que estaban allí en su mentalidad.
Ella se detuvo y miró al cielo, sonrió suavemente y sus ojos brillaron de manera majestuosa.
Él no estaba allí y ella tampoco, pero ambos tenían una conexión.
Él sólo quería hacerla feliz, y ella veía el rostro de él en cada estrella que en ese momento brillaba.

Por impulso, ella metió la mano en su bolsillo y sacó un par de llaves. Metió la más grande en la puerta que estaba frente a ella y la abrió lentamente.
Atravesó lentamente el umbral de la puerta y miró casi con tristeza el interior de su hogar.
Por cosas del destino fijó, sin querer, su mirada en la puerta que llevaba a su habitación y notó un extraño resplandor que se escapaba por los bordes de ella.
Se volvió a sentir como una niña que está a punto de enfrentar algo inesperado y desconocido. Era una nueva aventura que le daba un nuevo color a su vida, sentía que se encendía de a poco el fuego llamado felicidad.
Empujó con suavidad la puerta, y ésta se abrió sin oponer resistencia alguna. Todo el universo conspiraba su favor.
Fue tan perfecta la manera en que sus ojos se abrieron más de lo normal y se llenaron de lágrimas.
Sobre su cama, estaba él.
Tirado allí, con los ojos cerrados y transmitiendo sensaciones de paz y tranquilidad.
Ella sonrió y corrió hacia él.
Él abrió los ojos desconcertado, y su mente se demoró un par de segundos en procesar tal realidad.
Hacía un par de segundos él la soñaba y ella le anhelaba.
Ninguno de los dos entendía que había ocurrido, pero les daba lo mismo, este momento jamás lo iban a olvidar.
Se miraron a los ojos y sin decir nada supieron lo que era el amor.
No necesitaron una frase, el silencio era perfecto.
Mientras las miradas compartían miles de secretos, y de sueños que ambos querían hacer realidad, el uno por el otro, sólo para que esa esencia única y perfecta, sonría y pueda disfrutar esta vida con simplicidad.
En ese mismo segundo hubiesen dado su vida por la del otro, hubiesen dejado todo tirado y habrían escapado juntos a la playa, o a las montañas, daba igual el lugar, sólo querían estar el uno con el otro, y en esos momentos juntos, amar a toda la humanidad contenida en un ser más que especial.

Él cerró el libro y sonrió, llevaba días tirado sobre su cama con los ojos cerrados.
Este libro hacía que su mente se liberara de tal manera que imaginaba a una mujer caminando por una ciudad, una mujer única y perfecta.
Cuando levantó la vista y miró hacia su puerta, se asombró por dos cosas en especial.
La primera es que él mantenía junta la puerta y ahora estaba abierta de par en par.
Y la segunda, eran esos ojos cálidos y relampagueantes que lo miraban llenos de lágrimas, sostenidos sobre una cálida sonrisa y un silencio perfecto para este hermoso final...

jueves, 21 de agosto de 2008

Simplicidad en los detalles...


Si me miraras en este mismísimo segundo, mi atuendo dejaría mucho que desear, mi pelo no está arreglado y mis ojos se muestran un poco agotados, en los últimos días han estado pensando en cerrarse y no volverse a abrir jamás.
Mis zapatilas están sucias y de mi boca pocas veces salen palabras bonitas, no me han enseñado a mentir.
No me mueve el dinero y me asusta la superficialidad que domina a esta sociedad.
Esta salinidad que tengo pegada a mi cuerpo desde hace un par de horas me recuerda a mis momentos de soledad, tirado en el suelo de mi pieza pensando en la manera de llegar a nunca jamás.

Hace un par de horas que estoy agotado, con ganas de guardar todos mis sueños dentro de una botella de vidrio y lanzarlos al mar, talvez sobrevivan y alguien los encuentre para que los pueda disfrutar.

Aquí voy yo, caminando con el corazón en una mano y un puñado de esperanzas en la otra, olvidé todas esas cosas que la gente llama "Conocimientos" , pocas cosas puedo pensar en este momento, mis neuronas se han tomado el día libre.
No quiero pensar, sólo deseo vivir y soñar.
Soñar para vivir y vivir para soñar.
Disfrutar cada parpadeo, pelear por cada cosa que soy capaz de realizar y nunca dejar de abrazar ese trozo de felicidad que se ha convertido en algo más humano y que me hace sonreir con sólo mirarle.

No tengo rozas en mis bolsillos y mi billetera está cada vez más delgada.
Siempre voy a preferir el silencio antes que una palabra vacía y no es que no me guste el vacío, pero mierda, hay días en los cuales mi habitación está más oscura que lo normal y quiero vaciar mi cabeza sin parar.
Mi mente tiene un poder enorme sobre mi cuerpo, me he caído un millón de veces y me han derribado otro millón más, pero...ven acércate un poco más, te contaré un secreto...Jamás me he levantado, sólo voy cayendo más y más.

Y son mis sueños los que llegan a la eternidad, no encuentro final, no hay nada que me pueda parar. Tengo una sobredosis de utopía y sólo quiero que mi corazón deje de funcionar. Porque en los últimos minutos, fracasar se ha convertido en una norma, pero vuelvo a la vida con sólo cojer un lápiz y rayar papeles vaciando todo lo que siempre he querido decir, pero que mi boca no ha querido comunicar.

Jamás me volví a encontrar tirado en la playa, mirando el cielo con los ojos llenos de esperanzas. Ahora la arena está mojada, ha subido la marea y se ha llevado con ella un cuerpo temblando de frío, débil e inhumano.

Cada noche, mi almohada me cuenta miles de cuentos de hadas en los cuales yo soy un caballero valoroso que no tiene caballo ni doncella a la cual salvar, me espera una mal herida sociedad. No tengo más implementos que mi cuerpo, mi alma y mi corazón. La lluvia hace cada sueño más especial, porque tengo ciertas cosas escondidas que pocas personas han intentado encontrar, y aquellas que lo intentaron ahora dejaron de ser humanas, porque no puedes oír todas las frases que tengo allí guardadas sin que haya una que te pertenezca y en momentos te haya llorar de felicidad.
Lo único que quiero es ver sonreir.
Es verte feliz.

Pocas veces me han importado las opiniones de los demás, pocos Dioses han intentado juzgarme, pero ninguno me ha dicho lo que piensa de mí, todos se han ido silenciosamente negando con la cabeza, algo decepcionados.
La ciudad es mi enemigo y Gaia es la madre universal, creo en el bien y el mal, sólo quiero llegar al equilibrio, doy mi vida por el nirvana, y mi tesoro más preciado se llama identidad.
No existe cruz que me someta, ni cometa a la que no me quiera amarrar, sólo un alma tiene la capacidad de hacerme volar, y se graba cada segundo, cada suspiro de ella en mi enferma mentalidad.
Siempre se queda un ideal conmigo para conversar, y juntos pensamos en alguna fantasía que queremos hacer realidad. Siempre gana la sugerencia que él me da, su mentalidad superior a todo lo que alguna vez pude idealizar.

Anhelo con toda mi alma esa unión espiritual, esa mezcla justa de bestialidad e inocencia, ese momento en que se revienta el cuerpo y no queda más que una esencia dispuesta a unirse con otra igual y llegar a un estado suprantural.

Y el mar mueve lentamente mi cuerpo inerte, yo estaba tirado mirando las estrellas con una extraña sensación de felicidad, mi mano se aferraba a la suya y sentía que todo tenía un futuro alegre, al parecer mi historia tenía un final feliz.
Ella estaba segura, yo también.
La arena era nuestra cama perfecta, ella lo es y ese fue un momento especial.
Nadie se dió cuenta de nosotros, ella me susurró algo al oído y entendí el significado de eso que se le llama amor.
Y no me moví de ahí jamás, subió la marea y ni las olas pudieron, nuestras manos, separar.
Ahora no queda más que una botella de vidrio llena de recuerdos, besos y una noche maravillosa. Sólo quedan las miradas en las memorias, nadando en un mar de hojas.

Y allá voy, cual caballero combatiendo unos molinos de viento.
Cabalgando sobre las olas y luchando por salvar un ideal.
Romanticismo teñido de realidad.
No estoy loco, solamente soy especial...

martes, 19 de agosto de 2008

Muerte..


"La música sonaba fuerte en sus oídos, él iba feliz por la calle, en su mundo, en su música, en su paraíso.
Cerraba los ojos y sentía la lluvia en su cara.
Cada nota le golpeaba el alma, removía sus neuronas con fuerzas y le hacía perder el control de su cuerpo.
Él la amaba, no podía vivir sin ella.
Sin ella, dejaba de ser él.
Con ella, sólo existía la perfección.
Pero, él había regalado todos sus sueños, sólo vivía de oxígeno e ilusiones.
Era impresionante su debilidad.

Cada minuto que era asesinado por un minutero a sueldo, le mostraba de manera poco sutil, que él iba cayendo cada vez más y que ya no quedaba nadie que lo atrapara al final.
Lo habían amarrado de pies y manos, le estaban reventando la espina dorsal.
Se cubría con una máscara en llamas para quemar a toda la sociedad.
Pensaba que él era la causa del calentamiento global.

Debía cruzar la calle, debía llegar pronto a casa y tirarse sobre cama para dejarse llevar.
Mover la cabeza de lado a lado y regalar la autoridad sobre su cuerpo, era una marioneta dominada por un alma que le susurraba con dos lenguas de plástico directamente a los oídos, las maniobras que su cuerpo debía ejecutar, le encantaba esa sensación que se percibe cuando te dejas llevar desde el alma hasta los pies.

Sin sacar las manos de su bolsillo, cruzó lleno de ansiedad.
Las voces resonaban fuerte en su memoria, se grababan con ácido en la suave piel de su conciencia.
Estaba completamente entregado, no tenía posibilidad alguna ante tal obra maestra.
Un par de luces, un segundo detenido ante tal asombro y un monstruo más grande de lo que alguna vez pudo imaginar, le reventó la ilusión.
Siempre deseó tener el poder de detener los objetos en movimientos, pero esos eran sólo sueños, y con su vida pagó por intentar comprobar si sus fantasías se hacen realidad.

Un golpe acertado a todo su cuerpo y su corazón no se movió más.
Quedó allí tirado en el asfalto, mezclando el aceite con su sangre.
Derramó todos sus sueños en plena calle, ningún auto se detuvo todos pasaron y trituraron lo que le quedaba de humanidad.
De todas maneras, él disfrutada cada momento en el cual una rueda aplastaba más, su cráneo destrozado, contra la realidad.

Y la orquesta seguía sonando de fondo.
Y nadie lloró en su recuerdo, tampoco le hicieron un funeral.
Después de un par de días se había convertido en parte de la calle, en parte de la ciudad.
Su silueta se la había tragado el suelo y sus sueños rodaron hasta la cuneta, en donde de llenaron de polvo y suciedad.
Nunca nadie recordó su nombre y no dejó ninguna huella en algún alma a la que alguna vez le habló.

Simplemente desapareció, se lo tragó una bestia a 100 kilómetros por hora.
Trató de hacer sus sueños realidad y pagó el precio.
Pagó con su vida.
!Qué barato es tener un momento de felicidad!"


Crónica de mi muerte anhelada.

Pablo Calbiague Muñoz.