lunes, 15 de junio de 2009

Sin lubricación..


Existen un par de cosas que quiero decir, pero que he decidido escribirlas sin mirar atrás. Había pensado en escribir algo sobre el fuego que se convierte en agua y lo vacío que se puede sentir el hombre después de haberlo vivido todo. Esa ironía que llega a ser molesta y que te impide tolerar, después de todo, nunca quisiste tolerar.
Todo es dominar, para eso estamos hechos, queremos dominar, una mala copia de un macho alfa natural, porque queremos proteger y sentirnos impunes, siempre nos proyectamos en la sombra de enfrente.
Nos vamos sincerando, buscando apoyo, alguien en quien confiar, cuando realmente no hay nada más que nosotros, todo se basa en una creación mental, una realidad inventada y divida de manera artificial. Esas dualidades enfermas, esa divinidad con tejado de vidrio, ese ideal que te imponen cuando vas a comulgar. ¿Has visto esas túnicas blancas caminando por la calle?, se ven tan limpias, tan puras y tan perfectas, pero en el fondo, no son más que un trapo de algodón lavado por alguna ama de llaves que gana un sueldo miserable.
Hablo de vendernos a cambio de una promesa incierta, de creer que nuestra vida no nos pertenece y que a todo lo que tenga color instinto debemos declinar. ¿Será que esos señores serios y con una franja en el cuello nunca han experimentado un orgasmo?
El lado oscuro del hombre, ese que invierte los valores y que quiere comenzar a enteder primero lo espiritual.
¿Quieres cumplir tus metas?, usa al hombre como herramienta. La supervivencia y la felicidad están por sobre la comunidad. ¿A quién se le podría ocurrir dar su vida por alguien? El que siquiera lo intente es un estúpido que no valora su vida.

Quería explicar cómo atravesar una puerta sin caminar, la manera justa para poder mentir sin ser descubierto. Restricciones del tiempo y la estúpida decisión de creer que la vida es racional. El caos perfecto del azar y mis ojos riendo sin parar. Regalar problemas al mundo para que los aprenda a superar. Causa y efecto, se confunde el progreso con la idiotez.
Sexo sin condón, sudor que te nubla la visión y un corazón latiendo sin pedir más vacaciones que una merecida muerte. En el fondo sólo queremos ese reflejo que vemos todas las mañanas en el espejo al salir de la ducha (eso va para los que se bañan, no me incluyan).
Y puede que no seamos nada, pero ¿para qué mentirnos más? ¿no han sido muchos años ya?
Cuando las cosas no pueden ir lentas, se debe acelerar, dispuestos y preparados para chocar o para frenar. ¿Alguna vez realmente hemos aprendido a manejar?

Dime cuáles son tus secretos y qué es lo que buscas lograr, me reiré en tu cara y tú llorarás. Ironía sin lubricante ni rodeos!
El sarcasmo va tras tuyo, la indiferencia del sentimiento te alcanzará. No intentes escapar, no te canses más, déjate caer sobre la arena, bebe un vaso de alcohol y fuma un par de cigarros, espéranos con una sonrisa dibujada en la boca y con el corazón en paz.
Recuerda que eres único, igual que todos los demás.
¿Quieres llorar?, Ve y busca un hombro generoso que esté dispuesto a abrazarte y a decirte lo especial que eres mientras te mira de reojo el culo y la billetera.

domingo, 14 de junio de 2009

Lucky..


Respuestas vacías y miradas de reojo, él corría de lado a lado como si nada importara, como si no hubiese nada más en la vida. Gritándole a todo extraño que se le acercara, durmiendo a ratos y comiendo acompañado. Era vitalidad, siempre lo fué. No, error. Lo sigue siendo, sólo que ahora tiene una mirada más triste.
Nos entendemos, sobran las palabras, es cosa de una caricia y un silencio.
Con eso basta.
Son ojos tristes, sólo es eso.
Atardeceres eternos y noches de luna llena tirados sobre el hielo del suelo.
Un cigarro que no compartimos y un hogar al cual no puedo entrar. Su pelo es crespo, con una tonalidad especial, de esa que se ve distinta en invierno a comparación con el sol del verano.
Una felicidad que no se puede explicar.
Son ojos tristes, nada más.

sábado, 13 de junio de 2009

Ininteligible..

Es todo o nada, la escritura sin razón. Sólo instinto, sólo animales. El mundo y su destrucción. Masoquismo y amor, el placer del dolor.
Calla y observa, no es más que una penetración, una mirada y una sensación.
No te pido que seas mi puta, tampoco te pediré tu corazón, sólo es la vida en su máxima expresión.
Vómito del corazón, siempre hemos sido uno solo, no necesitamos de rosas ni de dios.
El nihilismo y tu respiración, la piel y la dominación. Cuerpo contra cuerpo, piel y satisfacción, silencios casi hablados, gemidos de placer, besos descontrolados y tu idea de cariño.

¿Para qué más que este cigarro? ¿Acaso deseamos que exista algo más?
Moral de esclavos, la humanidad y su extinción. Palabras gritadas, sordamemente escuchadas, no quiero más dolor, no quiero más nada. Esta noche somos sólo dos.
¿Luces encendidas, o apagadas? ¿Luz de día o la luz del televisor?
Fantasmas en mi interior, voces dentro de mi cabeza y una mirada chispeante en la desgarradora muerte de la sociedad.
Somos sólo dos, nada más.

El entorno y los antílopes follando a nuestro alrededor.
Nada de piedad, sólo dime lo que quiero y te daré lo que deseas.
Abre tus piernas y cede ante la pasión.
Abre tu mente y llénate del sinrazón, de mi sinrazón.
Somos solamente dos...

sábado, 30 de mayo de 2009

Piedras..


Estaba cayendo la noche, y las luces de las calles se comenzaron a encender. Una por una, sin avisar, como si supieran cuando deben prenderse, en el momento exacto, en esa milésima de segundo cuando tú menos lo esperas. 
Tal y como me sucedió con las luces de las calles, me ha sucedido esta tarde. Sin esperarlo, fue sorpresivo y letal, tan letal como puede llegar a ser un farol.

Recuerdo que salí de casa apurado, pasé frente a un par de espejos y nisiquiera me miré, no había para qué mirarse, solamente quería salir a fumar por ahí, pensar un poco y escuchar algo de buena música.
A mi lado pasaron un par de niños, con poco uso, relativamente nuevos. Corrían como si nada en esta vida importara, como si ellos fuesen libres, pero no lo son. Nunca nadie es realmente libre, de hecho, nunca nos podemos librar de nosotros mismos.
Y cuando llega nuestro tiempo, nunca estamos listos, siempre nos toman por sorpresa, nunca estamos listos para la muerte.
Pero ya no molesta, yo sólo quiero fumar.

Seguí caminando sin rumbo alguno, pateando piedras y corriendo a ratos. Escapando de un enemigo invisible, escapando de mi propia existencia, renegando de mi humanidad, tratando de acallar esa voz interior que te dice: "Detente a descansar, siéntate un rato y siente el mundo en tu mano." 
Y me di cuenta que el mundo era demasiado pequeño como para sostenerlo en mi mano, mucho menos en mis ojos. ¿Para qué gritar, cuando puedes callar?
Siempre tropezamos con la misma piedra, tal vez las podamos patear, pero de todas formas vamos a tropezar, algunos se levantan, otros simplemente se golpean demasiado fuerte. Y nisiquiera de eso aprendemos, es chistoso, pero en nuestra vida, lo único que aprendemos es a sumar, y lo más triste es que nisiquiera los números existen. 
Busqué algo a mi alrededor, y quemé los últimos cartuchos de esperanza que me iban quedando. No tenía ganas de saber nada, a fin de cuentas, uno nunca está realmente seguro de algo, nisiquiera de nosotros mismos.

Las cosas son bastante justas según mi parecer, de todas formas, si supiéramos cuando se encenderán las luces de las calles, en el preciso momento en que ella cobran vida; de todas formas nos quedaríamos en casa, tomándonos un café o haciendo el amor. Nunca estamos listos, nisiquiera cuando sabemos lo que ocurrirá. 
Pero supongo que es mejor estar tirado sobre una cama, amando a una mujer, sintiendo su cuerpo y su sudor, en lugar de estar esperando la magia de la luz bajo un farol. 
A fin de cuentas, somos cobardes, todos. Y cuando sabemos que algo ocurrirá en un determinado momento, nos acobardamos y preferimos escapar. Siempre escapamos, incluso el que dice que no escapa de nada, escapa de la opinión del que dice que va a escapar igual.

Pero llegó el momento de aspirar una vez más este cigarro, que me relaja, me relaja demasiado. Y llegó el momento de abrazarte y no soltarte más, de besarte y caminar, caminar por esta calle, a paso lento y calmado. Juguemos a no escapar. Solamente seamos carnada del otro, amémosnos desesperadamente, que nunca sabemos cuando la muerte nos puede encontrar.
Dame la mano y no me sueltes, que ésto es tan perfecto como podría ser. 
Y cuando llegue nuestro momento, no estaremos listos, tal vez estemos tomando un mokaccino o esperando la luz verde en alguna esquina de la ciudad, abrazados y con frío. Tal vez estemos sentados en la playa o rodeados de música, tal vez nos encontremos haciendo el amor llenos de pasión o cantando a viva voz con un poco de alcohol en el cuerpo. 
¿Quién sabe realmente cuando llegará ese momento, y cómo estaremos nosotros?
Pero tranquila, mi amor. Después nos preocuparemos de eso, cariño. 
Ahora abrázame fuerte que en un par de segundos más se encederá este farol.
 

jueves, 28 de mayo de 2009

Frío y niebla..


Y va caminando, sobre un manto negro, con luces azules sujetadas a la luna, iluminando todo de azul, muy azul. No hay silencio, tampoco ruido, solamente una vibración que pasa a través de su piel y rebota dentro de su caja toráxica, removiendo sus entrañas, haciéndolo sentir miserable y común, por sobre todo común.
No quiere hablar sobre eso, nunca le ha gustado hablar de eso. Dice que le incomoda, que le hace sentir un tipo más, un recuerdo más, cuando él solamente no quiere ser ser uno más, él solamente no quiere ser. Así de sencillo y así de antinatural, sin más explicaciones que un par de miedos ocultos que nunca pudo superar, a fin de cuentas, nadie supera sus miedos, sólo los enfrenta y puede que gane la batalla, pero la guerra está perdida de antemano.
Y ya no ve otra escapatoria que aquella densa niebla que se forma fuera de esté caótico y erótico galpón, una escalera y un cambio en la temperatura ambiental, tal vez un silencio necesario, una soledad que pide a gritos ser tu compañera, una música que te entrega un equilibrio nunca antes experimentado. 

El frío en la niebla es intenso, pero es un precio que está dispuesto a pagar por un encuentro consigo mismo, por un momento jugando a sentirse especial. ¿Cómo puede llegar a ser tan egocéntrico?, se pregunta sin piedad alguna. Y ni el mismo se quiere responder, porque no desea el dolor, no esta noche, no mañana, ya no. 
Y el tiempo ha pasado rápido durante los últimos dos minutos, ha crecido, ha madurado, ha vivido y ha olvidado. ¿Por qué todo está tan invisible?
Antes de que su alter ego lo derrote, decide abrazarse a los recuerdos, esos pocos que le van quedando, esos que le dan un calor especial y que traen devuelta a la vida momentos únicos y excepcionales. Momentos tranquilos e inocentes, momentos que él no quisiera olvidar.

Las huellas en la arena nunca duran tanto, tampoco ese soplido que alguna vez dibujó, la marea siempre sube, la luna siempre crece y el tiempo nos va dejando atrás. Realmente hacía frío esa noche. 
Y mientras se abraza lo más fuerte que puede a sus recuerdos, porque siente que va a caer, siente tocar suelo, siente concreto bajo sus pies, siente un frío que le cala hasta los huesos. 
Al mirar hacia su lado la ve, sonriéndole y abrazándole. 
Él intenta sonreír también, y parece que le sale bien, porque ella lo besa en los labios y deja su mirada sostenida en la de él.
La misma niebla, el mismo silencio, un momento para dos.
¿Cómo puedo explicar esa certeza que tiene él en su interior?
Y él sonríe, sonríe y quiere llorar de felicidad, así que aprovechándose de la niebla y de la complicidad de ella, se larga a llorar.
Porque tiene una certeza, o cree tenerla, y no necesita nada más.
Le basta con esta ilusión, este abrazo, esta mirada.
Le basta con este silencio, este amor inexplicable y esta sensación de tranquilidad.

Y se van quedando atrás, siempre atrás, abrazados y tomados de la mano, como si nada importara, como nada más existiera. ¿Realmente existe algo más?
La niebla los va difuminando, los confunde y une sus siluetas, el frío sigue allí, y ellos se siguen quedando atrás.
Han decidido respirar, mirarse, besarse y amar. 
¿Te has fijado lo intenso que puede llegar a ser el hecho de quedarse atrás?