domingo, 10 de marzo de 2013

Cardumen de habitación.




Volvió para desenredar las raíces de lo anormal, apareció para tocar el sentido del dolor. No creo que la vida nos alcance para sabernos, no quiero que nuestras manos conviertan en técnica toda flor.

Queríamos venir para jugar entre nubes, queríamos soltarnos de tanta ausencia irrenunciable. Quisimos tanto que el deseo no pudo soñar.

Continuamos tan claros como anochecidos, tan nuevos como arrugados, tan livianos que habitamos el fondo del mar.

Atravesados en el camino de lo que fue, de pie bajo las orillas de nuestras espinas. Enjaulados por incendiar la amanecida.

Improvisando ceniceros para el amor, escalando edificios buscando el mal menor. Dibujamos historias en los cuerpos para no podernos escapar, nos comimos la boca y cruzamos las piernas, abrimos puertas para que el enjambre pueda pudrirse en paz.

Tal para cual, tus fantasmas enfrían el aire que podía respirar.

Otro día más para renunciar, otra celebración manchada con sangre de los que ya no están. Consonante entre vocal, opresor incondicional, el ahora estaba sucio.

Sinceros del principio, nunca supimos el rumbo. Si me rendí es porque no pude perseguirme entre tantas fotografía grises.

Absurdo el error sin derecho, hermosa la inocencia del necio.

Si te quedas me voy, si hablo lejos: más claro escucho nuestra soledad.

lunes, 28 de enero de 2013

Lo que dictan las (21) nubes.



Consideraré, antes de comenzar (e incluso con la intención de que sea a mi favor), la idea de que la libertad, hoy en nuestros días, es casi una daga mas clavada en nuestro corazón.

Lo propongo desde la más oportuna y dolorosa posición, desde el cimiento fresco por la crecida. Mucho cerebro en mi otra vida, muchas costillas perdidas al viento y sin color.
Nos prometimos, quizás demasiado, para sentir la cosquilla. Nos volvimos tan juntos que  olvidamos la palabra "adiós". Entonces se sintió la ausencia del calor, cicatriz por el sol sobre las pestañas heridas, el silencio como una forma de olor, pasando tan solos por pasar, colonos modernos y subdesarrollados: todos listos para firmar las nubes de humo que cada vela permitió.

Solamente quedaría para nosotros volver a conversar, a mirarnos los labios con el cuerpo, a voltearnos para podernos abrazar.
Bailamos las culpas y tocamos las estrellas a punta de encendedor. Nos volvimos santos en los saltos, en la sonrisa ajena nos pudimos reflejar.
Nunca quise que el cualquiera se convirtiera en tanto, la tierra que se cura a si misma y se busca la mano en el retrato, mientras yo baje hasta más abajo, escondimos las ruedas sobre la cabezas, me giré siempre iluso del poderte sentir.

Caminé pensando que la suerte no era cosa de locos, que lo resistente es también un brillo del corazón. Muy sencillo sobre un cohete, un susurro artesanal, una perla de barro, la semilla en la pupila. Tan naturales que compartimos ritmos, tan ansiosos que nos construimos un optimismo, tan democráticos que nos pedimos permiso para desnudar.

Por eso entiendo, a la vez, necesaria esa linea delgada. Esa ley que no quiere, ni entiende los motivos que atraviesan el malestar.

Casi como si cada recuerdo me sujetara la caída, como si cada miedo nos tocara el primer "pero", así nos creímos: el tu, el yo y el contigo. Me parto el alma para que te lleves un sueño, levanto el habla cuando de nuestros muertos se trata. Porque es tu curva la que enriela todo el pecho, me revive el resto y encuentro semejanza.

Es esta la forma en que aparezco: Tan cambiado que parezco igual.


-"Consideraré, para finalizar (y a modo de sentencia personal), que toda forma de arte debe realizarse como si se tratara de un crimen- y por consiguiente- que todo crimen se lleve a cabo somo si se tratara de un arte."

amén.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Camino al centro.



Que si el cielo se viene abajo es cosa de aquellos se preguntan por el olor del miedo. Como si la muerte trajera un poco de frío, nos abrigamos en la carne del amigo. Presencia en la carencia, humanamente sujetos a los caminos que llevan a casa. Futuros para los muertos: inciertos, pero quizás sean contigo. 

Tal vez el ojo no puede el huracán, tal vez mis años nunca volvieron atrás, tal vez nunca tuvimos tierra en las mitades, tal vez nos separamos lejos de las sociedades. Presos de la mañana en el hielo del olvido, se quemó todo lo escrito en la piel de tu suerte, regálame un poco de tu muerte, entrega lo que quieras recordar. 

Así, ni tan iguales, nos fuimos asesinos en un perdido destino. Sentados sobre las manos, las manchas de las piernas nos decían lo que era la amistad, sigue tranquilo el viento en los latidos, persiste mi dolor por no hallar esa comisura de invierno, esa ansiedad del calor eterno.

Avanzamos, sin tocar los momentos normales, nos desplazamos desde las rosas hacia las ausencias. Nos fuimos, casi sin pisar, lloramos solamente cuando nos encontramos sin luces. 

"Cuando las estrellas tocaron su mismo cielo, cuando la mano se extendió dentro del hermano, cuando las semillas crecieron en libertad: en ese cuándo se contiene toda la esperanza de volver a comenzar eso que nunca comenzó, morir sin haber nacido, recordar desde lo perdido, amar con todos los sentidos.
Una reina contenida en una arista, jugaba con los lunares que sujetaban sus hombros pintados con papel. Esa misma que rasca las horas colgando sobre el nunca y el después. 
Sosteniendo la cruz entremedio de los pies, sintiendo el pecho salirse para no volver.
Por el lado nos saludó la vida, nunca supimos ni cómo se veía, tampoco si era tuya o mía. 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mitad.

Que vengan todas las noches que nacieron a medias, que vuelvan todas las palabras a ser fruto de lo ajeno familiar. Ni pensamos el futuro, ni ideamos la vida. Abrimos las mochilas para cerrar la cortina, tapamos el aire con toda pupila, desafiamos con fuego la fuerza que no deja flotar. Conversamos hasta la mitad de las frases, construimos la muralla al revés, nos aferramos la fe por no querer caer.

Hacia dónde iremos ni lo pretendo ver, escondiendo la resina, la mano amiga para inflar las sillas, tu vida no siempre tuvo control. Antes de la razón se anida el trozo de la herida que el tiempo no sanó.
Falta de sobra lo fatal de la triada accidental, todos los días el festín para los que vienen a descansar. Más allá de los cuerpos se no fueron las lágrimas que sostuvo el miedo de la ingenuidad.

Abrimos los países para festejar, lo esencial de la tierra es que se puede cultivar, lo esencial durante los días es que sonrías una vez hacia atrás. Devorándome la angustia a cada caminar, pensar en malgastar la voz discutiéndole a Dios lo incierto del viento, su deseo es tan mortal como el inflamado perdón. Se nos cae el incendio de la lengua en amor, cada diente se pasea por pasión, cada gota no siempre es de sudor.

Nos comimos las migas del sueño ileso, de la flor que deja pensativo, del cangrejo que viaja sobre lo añejo para doblar la ceguera en sinceridad. Saltamos las cosquillas con tropiezos de besos, abrigados por versos, anclados más viejos sin el perro entristecido.

Pero el problema de la rutina es que se nos mueren los niños, el problema de tu sangre es que ya no siente el calor, el problema de la noche es el hielo que trae tu olor. Planeando sobre el yugo matinal, jugando una ciudad que nos hizo llorar.

Considero latente el hecho de no haberte entregado más, quizás mi vida, quizás una canción para despertar. Despedirme del tranco que rayamos con el verde árbol de la amistad, que el negro parece blanco, que la vida nos golpea idealizando, que soñamos la vida que no quisimos disfrutar.

Tal vez invitarte al borde, empujarte el centro hacia lo popular, romper la campana que nombra las horas del  panal. Se nos muere el mar, se nos arranca la piel por no quererla tocar, nos caímos juntos para querernos el vacío existencial, nos morimos en par para poder sembrar, nos gastamos los pelos de tanta mirada tirada al azar.

"Abre la mano para poder pintar, entra el pecho hasta el miedo tocar. Afina el cielo con nubes del otoñal, provocamos el revés del instante momentáneo, iniciamos la caravana que no quiere comer. Empañamos la cara al susurrarnos la costumbre, suplantamos la semilla para que el amor no fuese tan cruel. 
Tan cerca que se ven de lejos, tan perdidos que no saben hablar, tan rotos los pestillos que pudimos pasar.

Si la tinta corre, si los pasos dejan huellas, si mi historia se escribe en tu boca, yo me hundo al segundo de encontrarte el palpitar."

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los que quedan flotando.




Ser extraño estandarte sostenido por furia sobre la ciudad, ser el frío que cala los huesos y sacude el corazón. Sin caer en la cuestión de razón sujetamos el uno al otro los extremos de la cama.
Casi a punta de risa se nos fue la hora para respirar. Una gota de carne, un diente letal, un olvido para escuchar. Quizás dormir era lo mejor que sabíamos hacer, pero no se nos quitó el hambre de volar, nos bajamos junto al rosal que escribió por noche la ruta del príncipe fugaz.

Merodeando lo que se quiebra nos revolcamos, temerosos por lo que se pierda en un beso y un ayer.

Tanto pájaros como errantes, los ausentes del salón, los que anhelaban descansar.

Enyugados por el mismo enjambre, cansados -ambos- por reflejarse tras el cristal. Adoloridos los cuerpos que se remiendan a punta de caricias en sal.
Tantos idiomas, tantos gestos entre una broma y una proyección.

Dulce la vida del que muerto responde desconcertado desde la caótica realidad, del que limita la pregunta frente al sujeto, del que es tanto borde como centro contenedor.
Un dolor que no juzga para mal ni bien, un tibio susurro para descansar del color.

Darnos a veces tanto como nosotros, quedarnos entre manos alimentando la niña revuelta, destruirnos el mundo para intentarlo habitar, abrazamos el deseo tanto vivos para hallarnos sueltos. Sobra el resto cuando las piernas calientan el misterio, sobran sueños cuando cruzamos el mirar.

Quitarnos en un verso la vida, quedarnos sujetos en un momento que nos permita amar, intencionar la lengua inquieta y dibujar tanto mi existencia junto a tuya, como la libertad y la dignidad.
Una letra vieja que ignoramos para poder avanzar, una búsqueda del uno por el otro para el nosotros, para valorar -cual insecto en la ciudad- el destello de la rebeldía iluminando la noche de felicidad.

Los colores de tus dedos pintan alegres la sonrisa del que no supo crecer, y si se te asoman las venas yo me convierto en tu piel.