sábado, 8 de junio de 2013

Meta-análisis.

 
 
Duele la necesidad, no por la falta en sí misma, sino más bien por el deseo que la funda. Duele, y se retuerce, como si el sol de la pregunta le hiciera algún daño. Se esconde, más bien para recordarnos lo que somos, para vernos las cicatrices y aprender a amarlas. Nos hemos levantado muchas veces ya, incluso el niño sostiene en su sonrisa una amargura social.

Será que los colores no me rozan la cara, será que la estrofa fluye siempre angustiosa y desesperada, desvistiendo la razón, sujetando el fuego que revienta los sentimientos, que explota sobre el techo el corazón. Y por lo mismo considero que sonamos también en el silencio, que callamos eso mismo que puede ser intención. Una historia se desborda en muchas conciencias.

Así mismo, acompañando el paso lento, miré la tarde desde mi ventana. Como si el paisaje fuera espejo de una ausencia que no he podido relatar: el freno de la sangre, el sujeto tocado como cosa, la rabia de la respuesta que no amanecerá. Insisto, hay cosas que ni el mármol logra anestesiar.

Contradictorio el devenir, el transitar y el habitarse. Desperté inepto dentro del mismo temor que maldije durante tanta ilusión, me encontré- ajeno-  al otro lado del ideal. Enroscado entre raíces de papel con tinta de aprendiz. Saqué el aire que su nombre llevaba, pronuncié una lágrima para despedirme del adiós y su calor.

De alguna forma u otra, los momentos que nacen vienen siempre muertos.

domingo, 12 de mayo de 2013

Segunda vejez.



Apuntaron la bala a la orilla de nuestras caras, nos quemaron el aire para no dejarnos recordar. 
Se nos vino la corriente sobre el pez, se nos fueron los días cuando nos tiramos sobre el colchón. 
Existimos en grito, ahora la propia vida hay que cargar. Tiritaron nuestras llamas, nos pillamos las ganas, intentamos jugar otra vez: hicimos la revuelta como juramento de libertad. 

Brillante al extremo del centro, liviano y transparente se cruzó hacia el dolor. 

Los paisajes que habitamos nos quedaron cortos para soñar, dijimos cuánto pudimos callar, nos tapamos los muertos y ya no fuimos más. Dame eso que escondí, ven hacia el más tibio silencio. Sácate la verdad y cambia el antifaz.

Así sin cerrar el intento, fallamos todo cuánto funesto. 
Cuando escuché el abril me sangró la razón.  
Se escabulló aparte del cerebro, tengo una herida abierta hacia adentro. 

Entre tanto sueño envuelto, entre tanta saliva y cuerpo hambriento, yo silbé una lucha existencial. 
Porque prometiste mantener el tono de estos momentos, caíste sobre el adiós y la flor marchita, te revolcaron palomas el sol, te cubrieron entera la duda para que no se hallara perdida. 

Y ya nadie es tan tuya como la ausencia, ni la luna misma cae dormida sobre el mismo dolor. Por desear lo lejano quise irte a buscar, perseguimos la nube que pintara el mar. 
Y, como explicando las huellas acumuladas entre pestaña y lagrimal, me dijiste que el susurro fue caricia cuando el mundo fue un minuto vuelto al azar. 


"Todas las partes me parecieron distintas, todas las sonrisas juntas, pero ninguna tuya. Un motín sentimental, un jardín me crece mientras avanzo hacia atrás. Se me gastan los ojos de tanto mirarme el reflejo, justo eso: la subida no es más que una ilusión.
Justo eso: perdió su vida con la mía."

martes, 16 de abril de 2013

Primera vejez.



A veces me gustaría llamarlo como una necesidad de mirarlo con mejores años. Así parte la conversación honesta, entre tanta vida vertida en la herida, entre tantas palabras usadas para esclavizar. Sabíamos en el fondo el sentir que nos hace cotidianos, supimos de boca en boca las muertes que nos pesaron la dignidad.

Siento que nos matan a diario, como un abrazo extinto de tanta producción capital, como un susurro justo de liberación imaginario. Ensoñados desde un cajón, resistir desde la pestaña hasta el altar, quisimos eso que nos quitaron de lo social. Cuando nos tocamos las manos en los gritos de párpados, llenos de tanto desorden, felices en la nada, contenidos solamente por nuestros propios cuerpos, encontrados- curiosos como niños- en un beso de despedida.

Creo que nos perdemos a diario, y divagamos sobre realidades que nos acontecen poco posibles de habitar. Consideraré la necesidad de reventar el universo que verso tras verso dejamos pasar, la locura de tomarnos el rostro y los labios sin avisar, la fuerza de la risa otoñal cuando se empata con la ley de gravedad.

Sostengo que las huellas que cuento como mías son más bien nuestras, recuerdo y contemplo la frescura en amistad, cuando vivimos el compartirnos, cuando nos ahogaron los papeles y nos dormimos al despertar.
Siempre volvíamos a la misma nube a descansar, siempre deseamos encontrarnos para revivir esa sensación de libertad, pero durante el camino siempre volvimos a la misma nube a descansar.

"Tan confundido desde lo que ya es olvido, no volvió el sentimiento al puesto, no se quedó quieto el intelecto de lo popular. Un poco más allá de lo expuesto, debajo de la carne se esconde el cansancio de estar. Sobre ciertas estrellas me siento abatido, sobre ciertos lunares me aferro para quedarme dormido. De esta manera, incluso un poco perdido, es que despierto en el abismo de nuestra soledad."

martes, 26 de marzo de 2013

Posibilidades.

Cuando se termine el descanso, cuando el mar baje la luna hacia atrás y los ojos se giren para escuchar. Cuando el tiempo nos pase por adentro, cuando se nos enloqueció la vida y aprendimos a gritar.
Cuando solté el verbo para que se haga guerrilla, cuando abrí la mano al descontrol y nos manchamos las semillas.

Hoy, más allá de lo que está, siempre es mañana.
Eso, que se puede tocar, abre el cielo y los lamentos.
Nunca, sabiendo el atuendo, anhelamos la cualidad.

Cuando mentimos sobre la saliva y el papel, cuando nos llamamos tan lejos y tropezamos la boca en tu piel.
Cuando empapamos el agua con hiel, cuando nos pisaron tan fuerte y nos hicieron olvidar.
Cuando la ola se levanta en la casa, cuando el peso cambia y nos sostiene el aire sobre los tobillos.

Acariciar la ansiedad de una selva vidente, la ausencia de una cosquilla que no deja respirar. Abajo el paladar para hablar sin pesadillas, así el camino apareció mucho más parecido a ti.
Conocer la propia pestaña en las trenzas que cuelgan de tus amores, recordar la tierra donde hace unos años florecimos: mis párrafos se esconden siempre en el fondo tu corazón.

Cuando nos deseamos los miedos, cuando se arruga el destino antes de volar y llegamos puestos en todo el baile.
Cuando ya no nos quememos, cuando nos sepamos los libretos y seamos tan lejos de los niños.
Cuando apagamos la esperanza, cuando frenamos- inocentes- la sangre y la rabia que libre viajan.


Cuando nos besamos los cielos, cuando nos destapamos los pelos y susurramos en juegos lo que falta.
Cuando fuimos vena ancha, cuando nos fluía la alegría y nos pillamos la adivinanza.
Cuando erramos la palabra, cuando nos limpiamos las migajas y nos volvimos invictos.

domingo, 10 de marzo de 2013

Cardumen de habitación.




Volvió para desenredar las raíces de lo anormal, apareció para tocar el sentido del dolor. No creo que la vida nos alcance para sabernos, no quiero que nuestras manos conviertan en técnica toda flor.

Queríamos venir para jugar entre nubes, queríamos soltarnos de tanta ausencia irrenunciable. Quisimos tanto que el deseo no pudo soñar.

Continuamos tan claros como anochecidos, tan nuevos como arrugados, tan livianos que habitamos el fondo del mar.

Atravesados en el camino de lo que fue, de pie bajo las orillas de nuestras espinas. Enjaulados por incendiar la amanecida.

Improvisando ceniceros para el amor, escalando edificios buscando el mal menor. Dibujamos historias en los cuerpos para no podernos escapar, nos comimos la boca y cruzamos las piernas, abrimos puertas para que el enjambre pueda pudrirse en paz.

Tal para cual, tus fantasmas enfrían el aire que podía respirar.

Otro día más para renunciar, otra celebración manchada con sangre de los que ya no están. Consonante entre vocal, opresor incondicional, el ahora estaba sucio.

Sinceros del principio, nunca supimos el rumbo. Si me rendí es porque no pude perseguirme entre tantas fotografía grises.

Absurdo el error sin derecho, hermosa la inocencia del necio.

Si te quedas me voy, si hablo lejos: más claro escucho nuestra soledad.