jueves, 20 de agosto de 2015
Tercera Isla: Reflejo del ayer.
1.
Amanecido sobre la noche, recostado sobre el corazón para sentirlo palpitar. Quise encarnar los sesos en todo paseo callejero, quise ir a darme una vuelta y buscar perros como amigos.
Acontecido entre reproches, esquivando los resortes del colchón. Quise callarme los pensamientos para escucharte los ojos, quise detener los días para que nos volvamos a ver.
Derivado por desvíos entre estrellas y el reflejo de los cerros sobre la piel. Encajado en conversaciones entre palabrerías y pucheros del deseo, fui dios sin eternidad, fui cuento en un trozo del paladar.
Me quedé pegado sobre los mandalas del estero, compartí el instante para que nos dure un poco menos. Saqué la fuerza de mi lado más blando, le conté los lunares a las nubes y tuve el regalo de la calma en pleno vuelo.
2.
Tanta distancia para protegernos de la propia mano, tanta vida que no cabe en el ayer.
3.
Crecí optando por secarme la sangre entre los dedos, por encender las flores con los labios y presentarme como precipicio.
Caminé para saber que el borde también es nuestro, caminé pensando que la pena no se pasaba, que las coincidencias son todo aquello que nos pinta una raya en el retrato.
Conocí el chiste en mi propio fiasco, fui la visión de un mundo ciego hundido entre sus ceros.
4.
Porque cuando se aparece tu cara ya no hay prisa para nada, porque el viento nos silba la duda entre los pelos.
Porque entre tus piernas se encuentran los santos y sus misterios, porque desde tus hombros fluye la vertiente de los goces sobre la espalda y sus peldaños.
Por detenerme en este suelo donde no se dibujan cuadrados, por gastarme lo que tengo en el intento de volverlo a recorrer.
Por hacer del agujero un espacio lleno de fuego, por usar los dientes como matadero de verbo naturalizado.
Ser, desde esta orilla, el horizonte mismo.
Nunca al alcance de los dedos, tatuado entre sol y los océanos.
Invisible en el negro fondo que le hace sombra a la luna.
Como un rastro sin idioma ni sitio.
Zarpando lejos hacia adentro, sin rumbo fijo que el continente nos saldrá a encontrar.
martes, 11 de agosto de 2015
Segunda Isla: El mañana es ayer.
De la misma forma que aquí el mañana es ayer, lo que será es lo que fue y el principio es el final. Porque el tiempo se mide en la cantidad de gotas de lluvia que caen al suelo durante un beso, porque la falta que haces se mide en las veces que te pienso.
Con las tardes entre llovizna y mis dedos entre las esquinas de tus labios, ya llovió mucho antes lo ahora está por nevar.
Acostarte junto al fuego, destaparte las piernas para sentirte temblar, sacudirnos aquello que está por venir con la mirada que me diste aquella vez que nos conocimos.
Ya no más preguntas por elaborar, navegar entre los silencios y las vueltas que nos queda por dar. Así de perdido, sin horizonte fijo, extraviado entre lo que se dijo y las gaviotas de la ciudad. Bajo el cerro flotando entre escalera y fobia a medio superar, entre tanto pensamiento uno basta para recordar.
"Cuando abandoné el bote en la orilla de la playa la vi sentada sobre la arena, justo donde termina el viaje que está por empezar.
Ella es sirena del inconsciente, una silueta sobre la luna otoñal. Se despide cuando llega, juega a esconderse detrás de tanta falta emocional.
Los vientos de la isla se mueven según su respirar, el verde de los bosques depende del frío que tenga tras la mente.
Ella es sol que quema cuando atardece, toma la mirada como rehén para conversar. Ella muerde sin los dientes, arranca trozos del alma como rito final. Entre sus vértebras anidan las aves que arrancan del continente, una nube en cada pestaña luce al despertar.
Ella que mira tras los lentes, que vive en las alturas para que las olas rompan en sus pies. Ella que es fiebre transparente, clava la pupila en la llaga y se duerme entre arrecifes de coral. Avanza entre tanta norma indiferente, combate la generalidad con su sonrisa, le canta a las estrellas con emociones desafinadas por tanto golpe patriarcal.
Ella es bala en pleno vuelo, lágrima que cae para inundar, volcán que empuja los calores con inquieta facilidad. Pez que nada entre calles y edificios, serpiente que envenena con un tibio abrazo las noches en soledad.
Ella que tiene disfraz para escuchar, es nunca y casi-siempre, entra y sale de la nada como si el cielo fuese su hogar. Ella que es el borde de mi muelle, que es la ola golpeando la piedra inerte. Ella que guarda perlas bajo la lengua y florece en pleno temporal."
martes, 7 de julio de 2015
Primera isla: Tempestuosa calma.
Tal y cómo queda impresa la huella de lo impuesto, allanamiento del corazón, inserto tan adentro el puño como tus ojos en mi habitación.
Tan mía siempre esta condición, tan amigo de la despedida. Empañadas y a la vuelta de la esquina descansan las buenas intenciones y las tardes por quemarnos en sudor.
Mañanas sobre la arena, noches bajo el sol de nuestros invasores.
Somos la tierra bajo nuestros dedos, somos los que mueven aquello que ha muerto un poco más allá.
Tormenta de sabores en cada mirada, no jugamos a gobernarnos: nos jugamos en cada beso la libertad. Esa que me junta el ombligo con la intimidad, que me descentra para preguntarme cuánto vale la identidad.
Que a todos nos falte algo no significa que tengamos tanto por llenar.
Que devengamos en polvo significa que podemos sembrar.
Dejarnos pasar, no sin hacer un trueque de pestañas.
Dejarnos estar, entre tanta razón un poco más de vueltas para enredar.
Tan erosionada la carne por las manos que se puede leer con la luz apagada.
Como ciegos en plena luz del día cuidando de no perderse el paisaje.
"Marcaban las doce las campanas y la luz fría de esa mañana de invierno asomaba con no quedarse después de almorzar. La mesa de la oficina brilla de lo vieja que está y el olor de la madera mezclado con el humo de los autos compensan las ansias que tienen de salir a tomar un poco de aire.
Suena otra vez la puerta al otro lado de sus tímpanos:
-¿Y eso le recuerda a sus papás?
-No, a mi casa. Al desorden de mi casa.
Guardó silencio un momento y sintió una leve herida en su nuca soltar una gota más. Como si fuera una avalancha de sílabas y colores se llenó de distancia el encuentro entre esos dos. Las evidencias al respecto de sus vidas fueron secretos que quedaron por contar, pero se hallaban tan perdidos cada uno en la pregunta que nos olvidamos de nombrar quién era que preguntaba y quién era que pensaba en sus papás."
martes, 14 de abril de 2015
Cabotaje.
Esperé que la pestaña dijera todo lo que tenía que contar, me ubiqué en la esquina de la medianoche y guardé bajo la lengua lo que quedaba por improvisar.
Tan tranquilo que se sucedió el ascenso a punta de risa y amistad, tan honesto que temblaba de sólo verle la sombra a un gato circunstancial.
Viajamos sobre nuestros cuerpos, vibré con las luces de los cerros, contemplé el museo de los murales meados, me conmovió la noche con sus ganas de iluminar.
Volví a sentir que nada me faltaba, la escena proponía completarse después de tanto divagar, y me levanté entre tantas escaleras, entre tanta curva que atraviesa las galerías que miran al mar. Cerca de las ruinas de una luna que se quedó junto a los encarcelados fue que nos detuvimos a palpitar, a mirarnos el reverso de la nuca y preguntarnos por las respuestas que no se pueden hablar.
Las mismas veredas, algunas casas habían cambiado el paisaje de sus ventanas, pero todo para vernos saltar desde el acantilado de la memoria hacia otras formas de habitar.
Intentamos vengar la suerte de nuestros días, intentamos vengar los dolores de la historia que escribió tras la pólvora.
De un nudo a otro, como si la vida misma se retorciera y extendiese a lo largo de las horas, como si se evaporaran los trozos de vidrio del suelo y lloviesen espejos sobre la ciudad.
De un nudo a otro, un viaje para cerrar.
De un nudo a otro, como si la vida misma se retorciera y extendiese a lo largo de las horas, como si se evaporaran los trozos de vidrio del suelo y lloviesen espejos sobre la ciudad.
De un nudo a otro, un viaje para cerrar.
"Como si te conociera, como si algo de ti supiera, salgo a buscarte para ver qué fue lo que encontraste mientras yo estaba por llegar.
No ahora ni mañana, puede que ayer haya cabido la oportunidad.
No antes ni tarde, cuando lo pude nombrar.
Asalté con mis dedos la fantasía que nos llevaba a derretirnos sin quemar
Allí, en las horas mas arrugadas y oscuras, fuimos algo más."
domingo, 11 de enero de 2015
Corazón de puerto.
Tanta fuerza en los momentos, tanto revoltijo de sensaciones que se hacen amigas y eligen crecer tomando la forma de tus cabellos. Allí se inscriben mis caricias y sudores, en las curvas de su castaño, allí son los verbos que te quise regalar.
Se hace liviano el cuerpo en los segundos terremoteados, en la misma sacudida, en el salto del borde hacia el paso de los años. Hacernos más viejos quizás desde lejos sea una historia que no se contó.
Será que las olas no siempre encuentran fotografías a su llegada, será que las bocas digan para que no las oigan, será que el reflejo no es más que los miedos no enfrentados.
Me siento sobre el serpenteo de la noche, sobre los calores del verano, sobre el sano juicio de recoger los sueños desde el piso. Y respiro.
En cuánto viví te sentí, en esa paz durante el encuentro y la despedida, el empuje que nos separa, pero nos permite la opción de la felicidad.
Encendí el cotidiano, hice de mi respiración la neblina del puerto, me busqué en la nube de mi pupila y me encontré tranquilo, me hallé agradecido. Miré la noche patas pa' arriba y vi que las olas te bañaban la frente, entendí que a la arena la mueve el viento.
Las piedras se rompen para que podamos sentir frente al mar.
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