sábado, 16 de julio de 2016
Eclipses.
Escuché más de una vez cómo nos explicaron que la vida tenía su orden, que las luces de los autos reflejan la pobreza de nuestros pies, y que la falta existe para taparla.
Encontré en más de una oportunidad nuestros cuerpos lanzados hacia lo real, contemplé los agujeros bajo la carne y dibujé un mapa para mis dolores.
Guardé las escaleras en mis bolsillos, subí trotando nuestras conversaciones y solté el humo junto a tu puerta.
Lo que se termina acaba por empezar, lo que vivimos muere en el instante en que nació, lo que compartimos se quedó junto al corazón.
Esas lluvias que se decoran de marejadas para azotar el puerto de la razón, así durante los inviernos me senté a fumar con los fantasmas de mi habitación.
Las fechas como marcas en la memoria, los números junto a la ausencia y las raíces de coronas para los reyes de la vida.
El tempestuoso viaje hacia la propia mañana, hacia la madrugada cubierta de fresca niebla.
A través de vínculos con argumentos para el amor me encaminé hacia una salida, unos ardieron para que el resto pudiese mirarse los rostros por breves segundos.
Yo me encontré con tus islas, desayuné junto a tus desembocaduras y me abrigué dentro tu voz.
Hicimos fuego para sentarnos a su alrededor, para asumir entre orgasmos lo que significa la imperfección, para contar las estrellas y las verdades mientras cosechamos los años sin color.
Eclipses del espíritu, artesanías de emociones y flores de sonrisas.
jueves, 14 de abril de 2016
Hijo del aire.
Antes de venir, después de llegar.
Quedarse allí colgado de las esperanzas,
Levitando con flores en los dedos,
Escondido bajo tierra: raíces hacia el mar.
Amanecidos entre barricadas de estrellas,
detenidos sobre el territorio, apuntándole al capital.
Perdidos entre tanto cuerpo que esquivar.
Suelto entre las olas de la rabia,
el grito que ahogaba el sentimiento,
el goce que amaste hasta olvidarte,
las chispas al hallarte entre corrales.
¿Qué nos queda antes de venir?
¿Qué muere después de llegar?
"Con los pies cubiertos de arena, con la espalda desolada por temporales de amor, con las uñas encarnadas de tanto cavar.
Con los tendones inflamados, con los silencios callados y los ojos apagados.
Dejé mi amistad enredada a tu cuerda, dejé mi cama apoyada en las nubes.
Dejé todos mis colores pintados de negro, dejé mi tiempo atrás.
Me fui porque no sabía quedarme,
Sople tu cabello para sentir la libertad.
Hijo del aire, antes de llegar ya no está."
lunes, 7 de marzo de 2016
martes, 23 de febrero de 2016
Quinta descripción: Flujos de poniente a oriente.
Nos tomó una vida intentar acostumbrarnos al dolor, nos gastamos las palabras explicando las estrellas sin usarlas para amar. Carreteras y puentes entre amigos que se juntan para alejarse de lo que está, de lo que son. Cada uno con sus propias esquinas, compartiendo luces y sombras para volverse a inventar.
Así, desde el borde del océano hasta las cumbres verdes rasgadas por el sol, le dí mil vueltas a tu rostro, a los lugares que vuelvo a besar, al mapa de tus ojos que se esconde detrás de las pestañas y la vulnerabilidad.
Así encontré el calor de tocarte en la mañana junto a los amaneceres más solitarios, toqué los extremos con los ojos clavados en la luna que ilumina tu piel.
Me puse hoy en lo que venía desde ayer, tomé el medio y lo llevé hacia nuestra intimidad, tomé tus miedos y les hice cosquillas.
La consagración de lo distinto, crisis para sí-mismo, algo que ya no somos y queremos ser.
Nos acompañamos bajo la lluvia y nos cubrimos el pudor con los dedos.
Cruzamos ciertos músculos para sentirnos lo que tenemos entre las costillas, para bailar entre arterias y mordidas.
Nunca es suficiente si se trata de nosotros.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Cuarta descripción: Mantra.
La amargura de la fiesta se baña con incienso, los dolores adornan las bromas de esos desayunos entre islas de extraños.
Hacer de mis disgustos un motivo para bailar, gastarme los ojos buscando barcos naúfragos en los arrecifes de tus hombros.
Ajenos al tiempo nos escondimos a pulso bajo el colchón y la gente, contemplando extrañados la sensación que dejaba mi respiración en tu espalda.
Desviviendo los traumas y compartiendo las culpas, de cara a los cerros o enterrados bajo los muelles.
"Mis dedos repiten mantras sobre tu piel, como acordes encadenan lo que tú querías con el grito más ciego. Mis dedos se hunden en tu pelo y sólo encuentro fuego."
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