Si me encontrase por las mañanas quizás no llegaría tarde, o aquel que llegaría no te causaría tanto dolor.
Si se extravía mi voz que sea el silencio mi canción.
La fortuna de haber nadado contigo, de haber podido caminar la ruta de tus lágrimas, de haber dejado mi última gota de sangre en tu colchón.
La vida sigue.
Sigue filtrándose por mis ojos, sigue escurriendo entre los dientes cuando intento sonreir.
Sigue corriendo cuerpo-abajo, sigue olvidándome en esta era que no sabe de amar.
Mi vida sigue.
Sigue acercándose, por las noches, a los horizontes que dibujó mi corazón.
Sigue llevándome a un final.
Mi vida entre piedras y cicatrices.
Mi vida entre héroes y tumbas.
Mi vida entre islas y canales.
viernes, 13 de abril de 2018
viernes, 5 de enero de 2018
Caricias para mi adiós.
Por esos meses fue que el sol se decidió a salir, quizás quemando en exceso la piel, tostando la idea que se hierve dentro de la cocina de nuestro interior.
Nosotros flotando, sobre trozos de memoria, entre lo roto y lo entregado, lo reparado y la herida que sangra.
Las formas en que encaminamos la noche no es necesariamente un acierto, sino más bien una búsqueda por quererse encontrar. ¿Qué estrellas fueron las luciérnagas de nuestra canción?
Yo tengo mi marca, sé que la niebla es mi pueblo y el cuerpo, un territorio.
Amé las rocas y los huesos, amé la vida por cuánto aprendizaje me entregó.
Lo que intenté acabó.
Esos ojitos perdidos, esa sonrisa que no se entrega completa, la ausencia de límite en mi pulso: eso que soy yo.
Me desarmé de tanto amar, me ahogué de tanto ser mar.
Medio extraviado en el mundo, tomando lutos para salir bailando entre lo absurdo.
Estos tiempos invitan a ser una soledad, quizás tan ciega y apartada que no sabe acompañar.
Tropezando con lo que escribo, asustando los miedos que merodean las escaleras del puerto.
La electricidad en tus dedos, cariño.
Las ganas de verte volar.
Días con atraso, mi resistencia como una protesta por más calor.
La profundidad es entregada por la voluntad, navego despidiendo las islas del color.
Una línea que se dobla con las mañas, una esquina que cuida sus arañas.
El sismo de la cadera, lo inquieto de mi pierna, los ritmos de mi autismo.
Gracias por compartirme tu abismo.
Gracias por quererme con tu luz.
Que la magia inunde los dedos de esta muralla, que a dónde sea que vaya me lleve mi loco corazón.
Que lo perdido nos encuentre.
Que lo extraviado nos revele la luna que marca el palpitar.
Nosotros flotando, sobre trozos de memoria, entre lo roto y lo entregado, lo reparado y la herida que sangra.
Las formas en que encaminamos la noche no es necesariamente un acierto, sino más bien una búsqueda por quererse encontrar. ¿Qué estrellas fueron las luciérnagas de nuestra canción?
Yo tengo mi marca, sé que la niebla es mi pueblo y el cuerpo, un territorio.
Amé las rocas y los huesos, amé la vida por cuánto aprendizaje me entregó.
Lo que intenté acabó.
Esos ojitos perdidos, esa sonrisa que no se entrega completa, la ausencia de límite en mi pulso: eso que soy yo.
Me desarmé de tanto amar, me ahogué de tanto ser mar.
Medio extraviado en el mundo, tomando lutos para salir bailando entre lo absurdo.
Estos tiempos invitan a ser una soledad, quizás tan ciega y apartada que no sabe acompañar.
Tropezando con lo que escribo, asustando los miedos que merodean las escaleras del puerto.
La electricidad en tus dedos, cariño.
Las ganas de verte volar.
Días con atraso, mi resistencia como una protesta por más calor.
La profundidad es entregada por la voluntad, navego despidiendo las islas del color.
Una línea que se dobla con las mañas, una esquina que cuida sus arañas.
El sismo de la cadera, lo inquieto de mi pierna, los ritmos de mi autismo.
Gracias por compartirme tu abismo.
Gracias por quererme con tu luz.
Que la magia inunde los dedos de esta muralla, que a dónde sea que vaya me lleve mi loco corazón.
Que lo perdido nos encuentre.
Que lo extraviado nos revele la luna que marca el palpitar.
martes, 5 de diciembre de 2017
Límite 6.
Que mi experiencia haya sido la de recorrer años entre paisajes de papeles y lagunas, subidas y eventualidades. Lo que era descifrar tu mapa desde la banca de enfrente, lo que podía ser conversar o equivocarme en qué chiste decir para salir del momento.
Todas esas casualidades, esas valentías diarias de ir más allá del hola, cómo estás.
Todas esas desventuras, todas esas vueltas estaban en mi tatuadas bajo los párpados.
Aprender el oleaje y las marejadas de esas costas, leer de a poco el cielo de esas alturas, dejar de temerle a los perros al pasar.
Lo que quise arropar, mis intentos por girarle la suerte a este incierto fantasma que me acompaña.
Lo que no supe estructurar, eso que se me escapó por el paladar.
Lo que se quedó pegado en la resina de mi garganta, la sangre que no quise derramar.
Que fluyan esas vertientes alegres por tus ojos, que vuelvas a quedarte igual de muda frente a la voz que te erizó la piel, que tus pies bailen libres sobre esa moral. Tienes la luna impresa en tu espalda, tienes una calma entre tu atardecer.
Tu ritmo me enseñó a decir buenas noches,
tu voz: mi canción favorita.
Todas esas casualidades, esas valentías diarias de ir más allá del hola, cómo estás.
Todas esas desventuras, todas esas vueltas estaban en mi tatuadas bajo los párpados.
Aprender el oleaje y las marejadas de esas costas, leer de a poco el cielo de esas alturas, dejar de temerle a los perros al pasar.
Lo que quise arropar, mis intentos por girarle la suerte a este incierto fantasma que me acompaña.
Lo que no supe estructurar, eso que se me escapó por el paladar.
Lo que se quedó pegado en la resina de mi garganta, la sangre que no quise derramar.
Que fluyan esas vertientes alegres por tus ojos, que vuelvas a quedarte igual de muda frente a la voz que te erizó la piel, que tus pies bailen libres sobre esa moral. Tienes la luna impresa en tu espalda, tienes una calma entre tu atardecer.
Tu ritmo me enseñó a decir buenas noches,
tu voz: mi canción favorita.
jueves, 19 de octubre de 2017
Límite 5.
Las manos crudas por el viento del mañana, amenaza la misma compostura que de sólo mantenerse inerte se invierte contra sus ataduras.
Sin idioma ni semblante, con la sombra andante por los esteros costeros.
De puerto brillante, semilla que se arroja a los pies del que camina cerro abajo, que flota hacia las ruinas.
Encaramado entre las quebradas de los cerros, decantado hacia el poniente. Fácil de perderse entre los montes, liviano en su densidad. Como fotografía entre pestañeos, el movimiento no se puede capturar.
Sin intención de ser verdad, una propuesta en carne, un otro intento por volverlo a intentar.
Sin idioma ni semblante, con la sombra andante por los esteros costeros.
De puerto brillante, semilla que se arroja a los pies del que camina cerro abajo, que flota hacia las ruinas.
Encaramado entre las quebradas de los cerros, decantado hacia el poniente. Fácil de perderse entre los montes, liviano en su densidad. Como fotografía entre pestañeos, el movimiento no se puede capturar.
Sin intención de ser verdad, una propuesta en carne, un otro intento por volverlo a intentar.
lunes, 25 de septiembre de 2017
Límite 4.
Roqueríos sobre las playas, calcetines entre las sábanas y el extravío de mi persistente incomodidad en el mundo.
Esas conocidas diversidades de sensaciones que acompañan el estar perdido, o en soledad, o dolido, o enojado. Las definiciones musculares detrás impacto que aparenta ser imaginario o simbólico.
Las paredes de las noches nos extravían sin esperar, nos arrojan sueltos al cielo del invierno, esa neblina densa de mañanas con vapor saliendo entre nuestros besos.
¿Acomodaste el corazón junto al mío solamente para entibiar el estar?
¿Cómo podemos desafiar al bienestar a re-latarse?
¿Cómo puedo retomar el hilo perdido de tomar la vuelta hacia lo habitual?
El corazón ya no lo tengo para amar.
Pongo las manos y el sueño, ofrezco los miedos como si fuesen buenos.
Me di más vueltas que las usuales, provocando el error del camino. Tomé el amuleto de tus ojos para hallarme la tranquilidad. La calma que no es centro, tu centro que también arde.
La piel es un límite que podemos desgarrar, poseernos significa habitar la quebrada emocional.
Cuando transpiran tus manos, yo veo tu cuerpo llorar en su tacto.
Por el acto de que le falten verbos para expresar, el temor que anda suelto, revolviendo la ilusa tranquilidad.
Cuando te pienso, no tiene principio ni final.
Esas conocidas diversidades de sensaciones que acompañan el estar perdido, o en soledad, o dolido, o enojado. Las definiciones musculares detrás impacto que aparenta ser imaginario o simbólico.
Las paredes de las noches nos extravían sin esperar, nos arrojan sueltos al cielo del invierno, esa neblina densa de mañanas con vapor saliendo entre nuestros besos.
¿Acomodaste el corazón junto al mío solamente para entibiar el estar?
¿Cómo podemos desafiar al bienestar a re-latarse?
¿Cómo puedo retomar el hilo perdido de tomar la vuelta hacia lo habitual?
El corazón ya no lo tengo para amar.
Pongo las manos y el sueño, ofrezco los miedos como si fuesen buenos.
Me di más vueltas que las usuales, provocando el error del camino. Tomé el amuleto de tus ojos para hallarme la tranquilidad. La calma que no es centro, tu centro que también arde.
La piel es un límite que podemos desgarrar, poseernos significa habitar la quebrada emocional.
Cuando transpiran tus manos, yo veo tu cuerpo llorar en su tacto.
Por el acto de que le falten verbos para expresar, el temor que anda suelto, revolviendo la ilusa tranquilidad.
Cuando te pienso, no tiene principio ni final.
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