viernes, 11 de septiembre de 2020

 Dicen que el agua tiene memoria. 

Que tenemos tanta costa como muertos en la historia de estas tierras. 

Sigue sangrando el exterminio.

De la memoria, de nuestros antepasados. 

Y lo digo con descaro, como si hubiesen pasado,

A otra época, quizás.


Prefiero creer que sus venas derramaron, 

La rabia que brota años después.

Cómo cosechamos el dolor incrustado por el estado,

Cómo nos devolvió la mar,

Los cuerpos que arrojaron al fondo mojado,

Recordando que las estrellas no dejan pasar

Las almas que lucharon por romper el control. 


Que desborde la emoción a los pueblos de la nación,

de mi tristeza surge la melancolía que alumbra como un sol,

entre tanta negra oscuridad, entre tanta de intención

de que vivan los muertos en mi respirar.


viernes, 22 de mayo de 2020

La prisa de encontrarse con la más primitiva pasión.
Los ojos que miran, ¿se retraen o despliegan al llorar?
En cada sílaba, la curvatura de tu lengua tejiendo emoción con fonemas,
memorias estampadas en el aire que reseca tus labios.

¿Hacia dónde se desparrama la herida que te mantiene vivo?
¿Cuándo empecé a desplazarme hacia mi final?

Si me muero que no sea por equivocación.
Los meses fríos, el presente imitando al pasado y la cuarentena del cuerpo.

Enterrados entre rutinas y pantallas, enjaulados combatiendo una guerra que no se puede disputar.

Navegar las horas con los ojos buscando hacia adentro.



sábado, 11 de mayo de 2019

Burbujeante el oxígeno en mi sangre. Al nivel del mar, pero con presión de altiplano.
Quizás siempre me arranco a estas alturas para que nadie me escuche pensar.
No pude olvidarme ni de tu sonrisa, ni de tus arrugas.
No dejé que el tiempo nos ganara la batalla contra la tradición, no me propuse amar si no sentía espinas de las rosas junto a la flor.
Como si no verte me hiciese menos difícil la decisión de seguir aquí.

Pero no aprendí nunca en mi vida a negociar, por eso me oculté contando besos detrás de tu mirar.
Buscando noche tras noche entre estrellas esa entrega de tu boca cuando me saludaba al despertar.
Una mirada esfumada junto al invierno que levantó el mar.
Sostenido entre sus historias me oí pasar.

No me olvido, no me suelto.
Aferrado al abismo.
Soy lo que acabó.
Sembré recuerdos porque fue lo que conocí por amor.


Si tengo manos es para soltar el pulso de mi emoción.
Si me baño en las aguas de la niebla se me raspa el adiós.
Esa fiera que me desarma el alma, esa risa que explota mis rosas.


viernes, 13 de abril de 2018

Lo que (me) sigue.

Si me encontrase por las mañanas quizás no llegaría tarde, o aquel que llegaría no te causaría tanto dolor.
Si se extravía mi voz que sea el silencio mi canción.

La fortuna de haber nadado contigo, de haber podido caminar la ruta de tus lágrimas, de haber dejado mi última gota de sangre en tu colchón.

La vida sigue.
Sigue filtrándose por mis ojos, sigue escurriendo entre los dientes cuando intento sonreir.
Sigue corriendo cuerpo-abajo, sigue olvidándome en esta era que no sabe de amar.

Mi vida sigue.
Sigue acercándose, por las noches, a los horizontes que dibujó mi corazón.
Sigue llevándome a un final.

Mi vida entre piedras y cicatrices.
Mi vida entre héroes y tumbas.
Mi vida entre islas y canales.





viernes, 5 de enero de 2018

Caricias para mi adiós.

Por esos meses fue que el sol se decidió a salir, quizás quemando en exceso la piel, tostando la idea que se hierve dentro de la cocina de nuestro interior.
Nosotros flotando, sobre trozos de memoria, entre lo roto y lo entregado, lo reparado y la herida que sangra.
Las formas en que encaminamos la noche no es necesariamente un acierto, sino más bien una búsqueda por quererse encontrar. ¿Qué estrellas fueron las luciérnagas de nuestra canción?

Yo tengo mi marca, sé que la niebla es mi pueblo y el cuerpo, un territorio.
Amé las rocas y los huesos, amé la vida por cuánto aprendizaje me entregó.
Lo que intenté acabó.

Esos ojitos perdidos, esa sonrisa que no se entrega completa, la ausencia de límite en mi pulso: eso que soy yo.
Me desarmé de tanto amar, me ahogué de tanto ser mar.
Medio extraviado en el mundo, tomando lutos para salir bailando entre lo absurdo.

Estos tiempos invitan a ser una soledad, quizás tan ciega y apartada que no sabe acompañar.
Tropezando con lo que escribo, asustando los miedos que merodean las escaleras del puerto.
La electricidad en tus dedos, cariño.
Las ganas de verte volar.

Días con atraso, mi resistencia como una protesta por más calor.
La profundidad es entregada por la voluntad, navego despidiendo las islas del color.
Una línea que se dobla con las mañas, una esquina que cuida sus arañas.
El sismo de la cadera, lo inquieto de mi pierna, los ritmos de mi autismo.
Gracias por compartirme tu abismo.
Gracias por quererme con tu luz.

Que la magia inunde los dedos de esta muralla, que a dónde sea que vaya me lleve mi loco corazón.
Que lo perdido nos encuentre.
Que lo extraviado nos revele la luna que marca el palpitar.