jueves 19 de noviembre de 2009

Cartas al mar..


Recostado sobre el horizonte recuerda el momento cuando se conocieron, tan lejanos ambos, inalcanzables y sin poder aproximarse, esa sensación que todavía perduraba en su garganta, ese gusto amargo que dejó una reflexión insospechada y sagaz.

-"Jamás nos podremos tocar, ni encontrar, sólo queda mirarnos a la distancia."

Observó las nubes y todas sus certezas cayeron de golpe, quiso escapar hacia los abismos, pero se percató de que su posición ya es demasiado abismal, donde ninguna luz podía penetrar aquella puerta de cemento que pusieron los mártires perdidos en la línea del tiempo cuando le gritaron que su vida ya no tenía vuelta atrás.

-"Son como zombies. Almas que vagan entre el cielo y la tierra sin destino alguno. Algodones que avanzan lentamente hacia un lugar mejor, hacia donde los lleve el viento, hacia un lugar tranquilo donde puedan llorar y sufrir en paz."

Vestigios de un pasado maltrecho y próximo a ser olvidado, monedas que fueron castigadas por el rigor de la noche, la mano firme de la luna y el aullido de los perros. Rostros que desangraban su alma y ardían de pasión.

-"De la misma manera en que puede quemar el fuego, puede quemar el hielo. ¡Dime!, dime por favor, cuántos verbos he hecho arder en tus labios. Nárrame todos esos momentos en donde mi frialdad dejó una cicatriz sobre tus sueños. ¡Oh sí, arde Sodoma!, pero arde bajo el poder de mi lengua ártica y mis movimientos indiferentes a todo sentimiento.
Lo siento, o tal vez no..."

jueves 12 de noviembre de 2009

Restos de parpadeos..


Tal y como nos enseñaron a jugar, hemos jugado. Constelación tras constelación, siglos estelares y estrellas muertas han de pasar por nuestros ojos cansados de tanto llorar. Las estrellas caen hoy por la tinta que nunca se derramó sobre el papel, por los silencios que desaparecieron en el olvido de la noche y por los momentos que nunca volverán.

"Y entre los restos de las cenizas, sangras hacia nuestras cabezas desvalidas de toda razón. La línea que divide unos pocos de un par de muchos es ya un muro que nadie busca derribar. En las profundidades de los mares buscas sal para tus heridas, pero estás nadando en agua dulce, en voces de lamentos y gritos desvalidos de los que se defienden de algo que nunca los atacará. La muerte viene hacia a nosotros viva, y yo lo único que deseo, es a ti."

miércoles 28 de octubre de 2009

Ámbar Acaramelado..

Solamente pudo nombrarla una vez más antes de que sus ojos se desorbitaran y su cabeza golpeara el asfalto.
"Quema la vida que me queda, consume todo lo que yo puedo dar y negar, llévate lo que tu impulso te ordene, pero llévame contigo", le pidió una noche cuando se tatuaban las estrellas del firmamento en la espalda del otro con besos de hielo.
Se sentaron a un lado de la carretera y se miraron a los ojos sin decirse nada, en esos momentos estaba de más hablar. Habían pasado varios años ya desde la última vez que se habían visto bajo la luna llena, junto al mar y junto a la soledad que ambos llevaban siempre en su interior.
"De la laguna de la cual bebes, viven todos mis sueños", dijo casi susurrando una noche de eclipse lunar.
Ella vestida de caramelo y él de ámbar, ambos muy bien combinados con el paisaje, sintiendo la brisa que movía a los árboles y que hacía cantar a los grillos que caminaban moribundos por un paraje ermitaño y acogedor.
Gaviotas volaban entre las montañas buscando algún océano de agua biliar para descansar sus alas, de las cuales veían escapando durante años. Demasiado lejos estaban de todo, solos ellos dos esperando que alguna marmota los rescata de la soledad que tanto habían ansiado.
Es hermoso ver los sueños hechos realidad, pensaban mientras no dejaban de mirarse, pero el miedo que produce perder, o ver caer, aquella perfección plasmada en el mundo natural era algo que pocos podían soportar, de todas formas nunca supe si ellos formaban parte de esos pocos. Porque ella valía más que cualquier otra mentira vaga que él podía inventarse para poder sobrevivir, era momento de aprehenderse a la verdad y arder con ella, porque las verdades queman y duelen, o eso le había enseñado la vida, especialmente esas que se hacen llamar "verdades bonitas".

Sus ojos se estaban poniendo borrosos a medida que pasan los segundos, su imagen se difuminaba entre jugo de frutilla y plasma agridulce. Y, aunque el dolor había desaparecido hacía unos minutos atrás, seguía sintiendo una presión en su pecho, un nudo en medio del inconsciente, algo que no le dejaba avanzar hacia ella, que estaba tirada sobre el asfalto con la mirada fija en las estrellas, que no pestañeaba de tanto asombro, de tanta admiración.
Se arrastró lentamente hacia ella, con el cuerpo adormecido por el amor, y la abrazó mientras se echaba a llorar sobre su cuello. "Nunca había sido tan feliz, nunca había estado tan solo cuando te tuve a mi lado, gracias por éste momento.", balbuceó mientras cerraba sus ojos para descansar un momento.
Sinfonías sonaban en su cabeza, maravillosas y armónicas, tal vez sublimes, capaces de transmitir un escalofrío y encender un cigarrillo. Los muertos, muertos estaban, bajo tierra y carcomidos por lombrices que surgían de las lágrimas de los que quedaban vivos, y que no podían sobrellevar la pérdida de otro astro más. Mientras que los vivos transitaban desorientados de norte a sur, de este a oeste, cruzando hacia tierras que les diesen seguridad, buscando de manera desesperada algún refugio que los pudiese tranquilizar.

Y le besó mientras lloraba y sonreía. Temblaba, pero no de frío, aquella noche estaba profundamente feliz. Sumergido dentro de esa oscuridad, él bebió ámbar acaramelado, y ella caramelo de ámbar. Aquella noche, luego de amarse por un par de horas sobre el asfalto, ambos se quedaron mirando las estrellas y las gaviotas pasar. Y podían pasar siglos enteros, pero ellos estaban allí, tirados sobre aquella línea segmentada sin pestañear, mirándose y tomados de la mano.
"Dame una vez más, tus besos acaramelados...", le susurró al oído y se durmió.


Lozanías..

Puede ser que esta vez nos ignoremos y ni siquiera gastemos energías en cruzar miradas, porque matamos toda intención que podíamos haber tenido de secar un poco de saliva con un susurro. Y cuando llegó el momento del adiós no pude evitar reír cuando vislumbré aquella mirada llena de temor, llena de sueños e ilusiones que estaban partidas a la mitad, ya que la otra mitad iba dentro de mi corazón.
Y puede ser que nunca más confíe en mí, ni me siente a charlar unos momentos con lo que va quedando atrás. ¿Orgullo, madurez tal vez?
Aquí estoy yo otra vez, de pie, y te busco sin poder evitarte, a sabiendas de que te tengo a mi lado y que jamás me has de abandonar, pero de todas formas te busco y te doy un beso en la frente, un beso para que puedas descansar después de tanto caminar.

¿Recuerdas todos esos pasos que dimos juntos?, pequeños pasos llenos de juegos e inocencias, pasos inseguros y felices, momentos de eterna perfección, tal vez algo más ácidos al llegar el atardecer de tu vida.

He de sonreírte y agradecerte por todas esas nubes que convertiste en animales, por todas esas aventuras que juntos pasamos y todas esas guerras que libramos bajo el tendedero de ropa limpia. Cada visita al bosque abandonado, autobuses quemados por vándalos que todavía no descubrías, llantos y ausencias especiales, personas que te marcaron y que nunca se irán.

Lozanía mía, bienvenida al baúl de los recuerdos...

domingo 25 de octubre de 2009

De calor y deshielos...


He decidido repatriar todos esos versos que hice arder una noche completamente normal, estrellas caían del cielo y se quedaban pegadas en tu mirar. ¿Existe realmente el mañana?, ¿por qué soñamos si nada nos puede asegurar que hemos de verlos convertidos en una intangible e inerte realidad?
Me descubriste desde lejos, y de todas formas quisiste quedarte a conversar otra noche más, daños colaterales y respiraciones agitadas. ¿Por qué sigues pensando que todo ha de salir mal?, de tus ojos brotan lamentos y verdades que no pudiste callar.
Fragilidad de porcelana, tan espeso como el vino que estás bebiendo son tus labios. Fíjate cómo van cayendo los segundos desde los horizontes más prometedores, hasta los recuerdos más dolorosos.
Bebe de mi boca agridulce y sujeta fuerte mis destiempos que todavía no nacen, que he quemado cuando eran neonatos, cuando solamente te querían apreciar sin faltar a tu respeto, pero con unas enormes ganas de desnudarte sin piedad.

"Y ella hablaba pero yo no le quería entender lo que decía porque siempre duelen mucho esas verdades y de todas formas disparó la noche se hizo más oscura y los perros ladraban fuera de la ventana a pesar que deberían estar lloviendo lágrimas del cielo y logré ver entre tus piernas un poco de fuego que invitaba a inmolarse en él sin pensarlo demasiado me arrojé de lado sobre el suelo porque tenía calor y las baldosas estaban heladas no me sentía solo aunque una cerveza en ese momento no hubiese estado mal porque yo siempre quise degollarte y poder conocer todos esos rincones que tú nunca dejaste ver por miedo o por cualquier otra excusa estúpida que has de darme para que yo me calle y me haga a un lado porque te soy útil pero sólo cuando tienes ganas de prender fuego en el cielo"

Cuando el último auto dejó la calle y todo se quedó en silencio, te fui a buscar con la vaga esperanza de que me seguías esperando allí de pie junto a tu ventana más sucia y abandonada; pero no te encontré ni me quisiste encontrar, el inconsciente pedía a gritos un poco más de tiempo, solamente quería un par de segundos para poder mirarte a los ojos y lanzarte por esa ventana para que por fín pudieses sonreírle a la vida, porque siempre sonríes, pero nunca lo haces de verdad.
Eres ese árbol que está en la cima de la colina, que no recibe agua, pero que sigue creciendo hasta abarcarlo todo. Eres ese árbol que logra ver el sol y la luna haciendo el amor, pero que no puede amar, eres ese árbol que no se puede cortar. ¿Qué fruto me vas a dar hoy?